CUZCO Y
LOS INCAS: UN VIAJE EN EL TIEMPO
GENOCIDIO
En estrecha confabulación, las milicias conquistadoras
españolas y la iglesia católica plasmaron un verdadero genocidio hasta el
exterminio de un pueblo lejano en el territorio que hoy es Perú.
Memoria quieta del tiempo que vemos en hermosas muestras
pictóricas sobre los muros de las iglesias, representando una verdadera
apología del exterminio colonialista que arrancó de raíz las vivencias de ese
pueblo. Aún hoy los descendientes siguen reverenciando temerosos los altares
entronizados con figuras católicas y grabados decorativos, donde el horror se
trasunta en sus figuras mostrando la opulencia y el dominio ejercido ante el
devastado pueblo.
Todo va más allá de lo que salta a simple vista: este pueblo
aun latente y dolido realiza pequeñas ofrendas en pos de sus cosechas en los
templos subterráneos, devenidos en nuevas construcciones de iglesias
majestuosas. En el fondo, siguen con su trilogía de creencia estructural, Cóndor, Puma y Serpiente (Aire, Fuerza y
Tierra), base de la adoración y respeto del hombre por el sol.
LOS
INCAS: VIRTUDES Y ERRORES
Tratado de llevarme algo más que la majestuosidad que
muestran las ruinas Incas, observo detenidamente buscando entender la esencia
de lo que captan mis sentidos, llenado así mis ansias de atrapar toda la
riqueza cultural en mi derredor. Así, absorbo todo lo que los conocedores
lugareños tienen para contar.
Tomando en cuenta las sucesivas culturas esparcidas en una vasta zona del Perú actual,
recojo diferentes comentarios según el lugar por donde paso. Testimonios
histórico-culturales coincidentes sólo en el desconocimiento del origen de los
Incas Manco Capác y Mama Ocllo, los señalados por la tradición como los
iniciadores de la dinastía incásica.
Con anterioridad a la llegada de los Incas los precedieron
varias etnias: Caral, Chavin, Parancas, Nazca, Mochica, Huari, Pucará,
Tiahuanaco, Chimú, Huanca y Virú. Estas etnias, con sustentos culturales más
rudimentarios, dominaban diferentes herramientas de desarrollo, productivas y
medicinales, dependiendo de la zona de influencia donde estaban asentadas.
Sus construcciones eran rústicas, de adobe en zonas bajas y
ribereñas o de piedra superpuestas en zonas montañosas y lluviosas de la Amazonía.
En este aspecto, es notable ver en Cuzco construcciones realizadas en bases de
la época pre-incaica; más arriba los encastres y la perfección superficial
incaica, sin argamasa; más cercanas en el tiempo los templos de las iglesias coloniales, todo
visible a simple.
RECOPILACION
Los testimonios varían según la ascendencia étnica de
quienes provienen y la zona de asentamiento de cada uno.
Mi primera búsqueda cultural comienza en el altiplano, más
precisamente en Machu Pichu, emblema de la cultura Incaica. Allí tuve la
oportunidad de escuchar a Graciela, una guía con unos treinta años de
experiencia y dispuesta a responder las preguntas dictadas por mi curiosidad.
Especial énfasis puse en querer saber sobre la forma de
dominación que estos imperios usaron para doblegar a sus contemporáneos vecinos
y si éstos fueron parte de la cultura pre-incaica o de otro origen.
La respuesta – aunque con dudas sobre el origen – aportó
como dato la posibilidad de que simplemente el sector dominante fuese una
mutación de la misma población incaica que, bajo la conducción de Manco Capac y
Mama Ocllo, comenzó a intercambiar con otros pueblos vivencias propias sobre
desarrollo grupal, apertura a otras culturas y a practicar un trueque ventajoso
para las partes.
El trueque abarcó desde experiencias costeras, agricultura, estudios astronómicos basados en
el método de la observación, influencia de los astros sobre los animales y las cosechas,
produciendo una sinergia tal que los conocimientos terminaron esparcidos por
una vasta región de América central
Las culturas así asociadas fueron incorporando conocimientos
consolidados por la estrategia Incaica, disfrutando cada una del potencial
aprendido de la otra y adoptando incluso la lengua Quechua para facilitar la
comunicación.
Graciela continúa contando que, una vez al año, los maestros
destacados de cada comunidad se juntaban para actualizar conocimientos,
aportando cada uno las experiencias del año. Aclara que de esto se deduce que
los pueblos no estaban sustentados en el poderío guerrero, sin dejar de reconocer que la defensa territorial
estaba marcada por la fuerza combativa de cada etnia. Pero la característica
destacada de su adhesión no era la guerra, sino la coparticipación cultural
mediante el Elainia (trueque de ayuda).
Un detalle que apunta la guía es que en los sacrificios a
los dioses, cuando se ofrendaban llamas, se sacaba el hígado de éstas y no el
corazón, con el fin de analizar el estado de dicho órgano y en función del
resultado determinar posibles correcciones en las pasturas a desarrollar en el
futuro.
Por otra parte, el estudio de mareas, influencias lunares y
migración de las aves formaba parte del acervo cultural, incluso el estudio de
los árboles los que en diversas zonas hacían el efecto de bombeo de las napas
freáticas inferiores.
Pachacutec, el más adelantado de la dinastía inca - noveno
descendiente llamado así por ser el elevador de la tierra – “desarrollista del
todo y arquitecto” fue el creador de Machu Pichu. Usado como laboratorio de
ensayos agrícolas en sus distintas terrazas, posibilitaba saber qué producto
tendría más rendimiento en las distintas zonas de trabajo según el tipo de
tierra y la influencia de los astros, para lo que se usaban los espejos de sol
como filtro de observación.
En este verdadero imperio los líderes se fueron sucediendo
en función de su capacidad, dentro de una misma dinastía.
Huayna Cápac, el undécimo emperador, tuvo un casamiento arreglado por conveniencia política.
De ese matrimonio nació Huáscar y posteriormente, de una relación amorosa fuera
del matrimonio, nació Atahualpa. Este fue preparado para conducir, mientras
Huascar es criado en un ámbito de abundancia y concesiones lo que genera
diferencias muy profundas entre ambos descendientes, que a la muerte de Huayna
Cápac deriva en una división entre el
norte y el sur del imperio.
Es en este contexto que se produce la llegada de los
españoles encabezados por Francisco Pizarro, Diego de Almagro y sus acólitos.
La relatora manifiesta que hasta entonces el sistema de
gobierno estaba sustentado en una secuela de trilogías de apoyo, como si fuera
un plano apoyado en tres puntos y de la misma forma se transmitía a los mandos
inferiores. Lejos de un sistema representativo, se parecía más a una monarquía
cuyo objetivo era el bienestar de toda la comunidad en base al principio de
“saber para aplicar”.
Las fuerzas invasoras, en cambio, tenían como objetivo
central el oro, evidentemente el menor de los tesoros que los incas podían
apreciar.
La presencia de esos hombres con barbas, montados, con armaduras nunca vistas
confundieron a los incas, que los asemejaron a seres bondadosos que los dioses
habían enviado. Temerosos aceptaron la presencia de los extraños y fueron
doblegaos, a favor de la grieta política y el desorden que imperaba.
Como era habitual en aquellos tiempos, los invasores junto
con los religiosos fijaron su atención en las mujeres más influyentes, tanto de
la corte como del pueblo. Otras que no suponían ninguna influencia táctica
fueron simplemente violadas. En poco tiempo Pizarro tuvo una hija con la
hermana de Huáscar, llamada Francisca, lo que abrió una profunda brecha en la
sociedad.
La pólvora pudo más que la oposición de los incas, que tarde
advirtieron la verdadera intención de los invasores que sometieron a Atahualpa
y pidieron por su rescate tres
habitaciones llenas de oro hasta la altura de sus cabezas, pero una vez
obtenido el botín ejecutaron al rehén
La barbarie y la crueldad de los españoles se vio reflejada
en la eliminación de poblaciones enteras, mientras buscaban el Tesoro de los
Incas. Estos optaron por cerrar los caminos de acceso a Machu Pichu, cubriendo
los senderos y abriendo caminos falsos para desviar a los invasores hacia la
profundidad de la Amazonía, quizás con la esperanza de que la trilogía Cóndor,
Puma, Serpiente se encargue de ellos.
Como corolario, nuestra guía Graciela nos dice que aquel
poder Inca estaba basado en una idea diferente, la de compartir y realizar el
comercio interno.
OTRAS
VERSIONES
En búsqueda de otros testimonios, ya en Lima me contacto con
personas de ascendencia Chanca, etnia asentada en la zona norte del imperio y
dominada por los Incas.
Aunque coinciden con el desconocimiento del origen de los
Incas, cuentan que estos basaron su poderío en la fuerza y en la administración
que ejercieron sobre las etnias menores disfrutando de sus esfuerzos
productivos. Cada zona, cada comunidad sometida, tenían un administrador
hegemónico dependiente de poder central. De esta manera, todos quedaban bajo el
mismo régimen y bajo la misma lengua
La dominación inca estaba orientada a usufructuar beneficios
sin atenuantes; los sacrificios eran frecuentes y la selección de las ofrendas
hacía víctimas a doncellas vírgenes que eran violadas antes del sacrificio. Una
de ellas se llamaba Juana, una niña quien fue luego momificada y hoy se
conserva en un museo al norte de Perú como símbolo del dolor histórico de los
Chanca.
LEYENDA
DE MANCO CAPAC Y MAMA OCLLO
La leyenda afirma que Manco Capac y Mama Ocllo fueron
enviados por una divinidad para que sacaran a los habitantes de aquel
territorio de la vida desordenada que llevaban, enseñándoles a trabajar la
tierra y a las mujeres a tejer sus lanas.
Capac y Ocllo habían sido provistos de un largo báculo de
oro con la indicación de que donde esa vara pudiese enterrarse, sería el ”ombligo
del mundo”, lugar donde debería fundarse la ciudad prometida.
Luego de peregrinar cerca del lago Titicaca y andar por
vastos parajes, ambos emisarios apoyaron la vara en el suelo y ésta se hundió,
marcando el lugar donde surgiría Cuzco el centro neurálgico del imperio Inca.
HISTORIADORES
Según algunos historiadores, los hermanos Ayar, Manco Capác
y Mama Ocllo pertenecían al grupo de los Tiahuanaco, una etnia que habitaba
cerca del lago Titicaca y escaparon de allí ante una invasión inesperada de los
belicosos Coyas Aymaras.
Fueron ellos, descendientes de familias nobles y
conocimientos adelantados, los que se asentaron en la zona de Cuzco.
Los hermanos Ayar con vestimentas coloridas y aplicaciones
de metal, llamaron la atención de los lugareños y fueron bien acogidos por los
pobladores de la zona. Fueron ellos quienes dieron comienzo a desarrollos
productivos con técnicas agrarias innovadores y tejedurías de indumentaria. De
la unión en parejas de ambos se originó la dinastía incaica.
Narraciones de los historiadores María Rostworoswski y citas
de Sarmiento de Gamboa cuentan que la posición regional de los incas estaba
rodeada por otras etnias que disputaban permanentemente el dominio territorial.
Las embestidas por la posesión del territorio se extendieron por más de tres
siglos y significaron importantes pérdidas de productos y hacienda de los
pobladores, especialmente en las zonas fronterizas.
Al norte estaban los Chancas, terribles guerreros instalados
en Andahuaylas; al oeste, junto al mar, los Curacazgos y Chumbivillcas; y al
sur pasando el caudaloso Vilconata los belicosos Collas Aymaras disgregados en
varias divisiones y al este la Amazonía impenetrable.
Esta situación de encierro se mantuvo entre los siglos XII y
XY caracterizada por un desorden generalizado en todas las etnias que se
sostenían en base a campañas de invasiones para obtener recursos y luego se
retiraban sin mantener dominio territorial.
En época del octavo Inca, Viracocha y el co-gobernante, su
hijo Urco, se produjo una nueva embestida de los Chancas que derivó en una
situación caótica hasta que ambos líderes decidieron entregar la ciudad de
Cuzco y rendirse a los invasores.
El príncipe Yupanqui, futuro Pachacutec – llamado así por
ser el elevador de la tierra – desesperado hace un pacto con grupos tribales
vecinos en base a la división de poderes
logrando así, en una lucha encarnizada vencer a los Chancas.
A partir de entonces Pachacutec pasa a ser el noveno líder
Inca y comienza la era del verdadero imperio. Su política, novedosa para
aquella época, reemplazó las acostumbradas incursiones devastadoras sobre otros
pueblos por una gestión coparticipada y regenteo basada en tres puntos básicos:
caminos, unificación del idioma Quechua y administración estricta por el poder
central.
Como ya se ha dicho anteriormente, la organización
productiva estaba bajo la maestría Inca y cada etnia tenía un conductor que
reportaba a la administración central.
Con pautas claras, en lo social se generó un código de
convivencia por el cual los pobladores del imperio debían escoger una sola
mujer, doncellas mayores de quince años, con quienes se casarían y
constituirían familias ordenadas.
MACHU
PICHU
En el cordón montañoso, en un lugar singular y de difícil
acceso, se desarrollo Machu Pichu, como un centro de estudio y experimentación
de productos de la tierra, de los fenómenos climáticos y de las influencias
astronómicas.
En este lugar convergían los conocimientos de los maestros y
sacerdotes sobre esos y otros temas, tales como las mareas y sus efectos sobre
las costas, las migraciones de las especies marinas que llegaban al trópico y
en función de su comportamiento, los efectos climáticos que sobrevendrían en
cada año (como el fenómeno hoy conocido como “La Niña”) y otros.
Los conocimientos adquiridos en ese ámbito era un verdadero
capital social que se extendía a todo el imperio, generando regalías,
especialmente para la dinastía incaica. Esto generó tal acumulación de
beneficios y abundancia, que terminó engendrando problemas con las castas
nobles que, pasado el tiempo, traicionarían al control central.
En Machu Pichu habitaba una pequeña colectividad de
trabajadores que servía a los nuevos desarrollos y también un grupo de apoyo
para atención de los visitantes, hasta que fue abandonado y clausurado para
impedir su toma por los conquistadores españoles.
Pachacutec condujo el imperio durante muchos años y, ya
anciano, dejó la dinastía y el poder en manos de Tupac Yupanqui hijo, con quien
co-gobernó algún tiempo.
Con los años el dominio Inca se expandió y la conducción de
la dinastía fue heredada por Huayra Capac, décimoprimer inca nieto de
Pachacutec. Huayra Capac tuvo varios descendientes en dos ramas familiares
diferentes: una de ellas por su hermana Raura Ocllo, que tuvo varios
descendientes entre ellos Huascar; otra rama proviene de su pareja, Tupa Pala,
oriunda de Hurin, muy discutida en la nobleza. Una versión distinta afirma que
la relación de pareja fue con Tocto Coca, perteneciente al linaje inca, de la
que nace Atahualpa.
El entramado de relaciones y las diferencias entre las
madres de los descendientes y entre los hermanos Raura y Tupac, da origen al
quiebre de mando.
Las diferencias entre Huascar y Atahualpa estallan cuando el
líder Huayna Capac enferma de un mal desconocido – probablemente traído por los
españoles – y comienza una guerra civil sin precedentes que es aprovechada por
Francisco Pizarro. Los invasores tomaron parte a favor de Huascar y lograron de
esa manera acoplarse a la corte incluso a través de los hijos que tienen con
las princesas con las que se desposan, como fue el caso de Francisca Pizarro,
hija del conquistador y de la hija de Huayna Capac.
Atahualpa, por su parte, había logrado dominar la parte
norte del imperio y advertido de la toma de la corte por parte de los
españoles, en una embestida triunfante destruye todo el palacio de Huascar y lo
mata.
Sin embargo, los españoles con el apoyo de la Iglesia
dominan al pueblo incaico y desmontan sus templos para levantar nuevos templos
y casas con impronta colonial. De esta manera destruyen todo lo que
representaba la cultura nativa y consolidan la meta para apropiarse de todo el
oro que pueden obtener
Las armas y los caballos fueron la diferencia en combate que
posibilitó a los españoles derrotar a Atahualpa, al que finalmente ejecutan.
La dinastía prácticamente desaparece hasta que doscientos
años después se produce un levantamiento armado liderado por Tupac Amaru,
ahogado en sangre y del que se recuerda su
cuerpo destrozado por cuatro caballos y sus restos esparcidos por todo
el territorio, como mensaje arrogante del poder de los invasores.
Todavía hoy se observa la sumisión de toda aquella cultura
al imperialismo colonial y es notorio cómo el pueblo participa en procesiones,
mitad religiosas mitad paganas, detrás de imágenes que representan la apología
de la destrucción y el genocidio.
Quizás es hora de que se reivindique a los pueblos
originarios, haciendo renacer la cultura que los sustentó y se escuche a viva
voz el mea culpa de los descendientes de aquellos genocidas hispanos.
Agradezco la hospitalidad del pueblo peruano en este Un
Viaje en el Tiempo.
Rodolfo Leone
correcciones
Luis Oliva Periodista
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