jueves, 3 de diciembre de 2015


CUZCO Y LOS INCAS: UN VIAJE EN EL TIEMPO

GENOCIDIO

En estrecha confabulación, las milicias conquistadoras españolas y la iglesia católica plasmaron un verdadero genocidio hasta el exterminio de un pueblo lejano en el territorio que hoy es Perú.

Memoria quieta del tiempo que vemos en hermosas muestras pictóricas sobre los muros de las iglesias, representando una verdadera apología del exterminio colonialista que arrancó de raíz las vivencias de ese pueblo. Aún hoy los descendientes siguen reverenciando temerosos los altares entronizados con figuras católicas y grabados decorativos, donde el horror se trasunta en sus figuras mostrando la opulencia y el dominio ejercido ante el devastado pueblo.

Todo va más allá de lo que salta a simple vista: este pueblo aun latente y dolido realiza pequeñas ofrendas en pos de sus cosechas en los templos subterráneos, devenidos en nuevas construcciones de iglesias majestuosas. En el fondo, siguen con su trilogía de creencia estructural,  Cóndor, Puma y Serpiente (Aire, Fuerza y Tierra), base de la adoración y respeto del hombre por el sol.

 

LOS INCAS: VIRTUDES Y ERRORES

 

Tratado de llevarme algo más que la majestuosidad que muestran las ruinas Incas, observo detenidamente buscando entender la esencia de lo que captan mis sentidos, llenado así mis ansias de atrapar toda la riqueza cultural en mi derredor. Así, absorbo todo lo que los conocedores lugareños tienen para contar.

Tomando en cuenta las sucesivas culturas  esparcidas en una vasta zona del Perú actual, recojo diferentes comentarios según el lugar por donde paso. Testimonios histórico-culturales coincidentes sólo en el desconocimiento del origen de los Incas Manco Capác y Mama Ocllo, los señalados por la tradición como los iniciadores de la dinastía incásica.

Con anterioridad a la llegada de los Incas los precedieron varias etnias: Caral, Chavin, Parancas, Nazca, Mochica, Huari, Pucará, Tiahuanaco, Chimú, Huanca y Virú. Estas etnias, con sustentos culturales más rudimentarios, dominaban diferentes herramientas de desarrollo, productivas y medicinales, dependiendo de la zona de influencia donde estaban asentadas.

Sus construcciones eran rústicas, de adobe en zonas bajas y ribereñas o de piedra superpuestas en zonas montañosas y lluviosas de la Amazonía. En este aspecto, es notable ver en Cuzco construcciones realizadas en bases de la época pre-incaica; más arriba los encastres y la perfección superficial incaica, sin argamasa; más cercanas en el tiempo  los templos de las iglesias coloniales, todo visible a simple.

 

RECOPILACION

Los testimonios varían según la ascendencia étnica de quienes provienen y la zona de asentamiento de cada uno.

Mi primera búsqueda cultural comienza en el altiplano, más precisamente en Machu Pichu, emblema de la cultura Incaica. Allí tuve la oportunidad de escuchar a Graciela, una guía con unos treinta años de experiencia y dispuesta a responder las preguntas dictadas por mi curiosidad.

Especial énfasis puse en querer saber sobre la forma de dominación que estos imperios usaron para doblegar a sus contemporáneos vecinos y si éstos fueron parte de la cultura pre-incaica o de otro origen.

La respuesta – aunque con dudas sobre el origen – aportó como dato la posibilidad de que simplemente el sector dominante fuese una mutación de la misma población incaica que, bajo la conducción de Manco Capac y Mama Ocllo, comenzó a intercambiar con otros pueblos vivencias propias sobre desarrollo grupal, apertura a otras culturas y a practicar un trueque ventajoso para las partes.

El trueque abarcó desde experiencias costeras,  agricultura, estudios astronómicos basados en el método de la observación, influencia de los astros sobre los animales y las cosechas, produciendo una sinergia tal que los conocimientos terminaron esparcidos por una vasta región de América central

Las culturas así asociadas fueron incorporando conocimientos consolidados por la estrategia Incaica, disfrutando cada una del potencial aprendido de la otra y adoptando incluso la lengua Quechua para facilitar la comunicación.

Graciela continúa contando que, una vez al año, los maestros destacados de cada comunidad se juntaban para actualizar conocimientos, aportando cada uno las experiencias del año. Aclara que de esto se deduce que los pueblos no estaban sustentados en el poderío guerrero, sin  dejar de reconocer que la defensa territorial estaba marcada por la fuerza combativa de cada etnia. Pero la característica destacada de su adhesión no era la guerra, sino la coparticipación cultural mediante el Elainia (trueque de ayuda).

Un detalle que apunta la guía es que en los sacrificios a los dioses, cuando se ofrendaban llamas, se sacaba el hígado de éstas y no el corazón, con el fin de analizar el estado de dicho órgano y en función del resultado determinar posibles correcciones en las pasturas a desarrollar en el futuro.

Por otra parte, el estudio de mareas, influencias lunares y migración de las aves formaba parte del acervo cultural, incluso el estudio de los árboles los que en diversas zonas hacían el efecto de bombeo de las napas freáticas inferiores.

Pachacutec, el más adelantado de la dinastía inca - noveno descendiente llamado así por ser el elevador de la tierra – “desarrollista del todo y arquitecto” fue el creador de Machu Pichu. Usado como laboratorio de ensayos agrícolas en sus distintas terrazas, posibilitaba saber qué producto tendría más rendimiento en las distintas zonas de trabajo según el tipo de tierra y la influencia de los astros, para lo que se usaban los espejos de sol como filtro de observación.

En este verdadero imperio los líderes se fueron sucediendo en función de su capacidad, dentro de una misma dinastía.

Huayna Cápac, el undécimo emperador, tuvo un  casamiento arreglado por conveniencia política. De ese matrimonio nació Huáscar y posteriormente, de una relación amorosa fuera del matrimonio, nació Atahualpa. Este fue preparado para conducir, mientras Huascar es criado en un ámbito de abundancia y concesiones lo que genera diferencias muy profundas entre ambos descendientes, que a la muerte de Huayna Cápac deriva  en una división entre el norte y el sur del imperio.

Es en este contexto que se produce la llegada de los españoles encabezados por Francisco Pizarro, Diego de Almagro y sus acólitos.

La relatora manifiesta que hasta entonces el sistema de gobierno estaba sustentado en una secuela de trilogías de apoyo, como si fuera un plano apoyado en tres puntos y de la misma forma se transmitía a los mandos inferiores. Lejos de un sistema representativo, se parecía más a una monarquía cuyo objetivo era el bienestar de toda la comunidad en base al principio de “saber para aplicar”.

Las fuerzas invasoras, en cambio, tenían como objetivo central el oro, evidentemente el menor de los tesoros que los incas podían apreciar.

La presencia de esos hombres con barbas,  montados, con armaduras nunca vistas confundieron a los incas, que los asemejaron a seres bondadosos que los dioses habían enviado. Temerosos aceptaron la presencia de los extraños y fueron doblegaos, a favor de la grieta política y el desorden que imperaba.

Como era habitual en aquellos tiempos, los invasores junto con los religiosos fijaron su atención en las mujeres más influyentes, tanto de la corte como del pueblo. Otras que no suponían ninguna influencia táctica fueron simplemente violadas. En poco tiempo Pizarro tuvo una hija con la hermana de Huáscar, llamada Francisca, lo que abrió una profunda brecha en la sociedad.

La pólvora pudo más que la oposición de los incas, que tarde advirtieron la verdadera intención de los invasores que sometieron a Atahualpa y pidieron  por su rescate tres habitaciones llenas de oro hasta la altura de sus cabezas, pero una vez obtenido el botín ejecutaron al rehén

La barbarie y la crueldad de los españoles se vio reflejada en la eliminación de poblaciones enteras, mientras buscaban el Tesoro de los Incas. Estos optaron por cerrar los caminos de acceso a Machu Pichu, cubriendo los senderos y abriendo caminos falsos para desviar a los invasores hacia la profundidad de la Amazonía, quizás con la esperanza de que la trilogía Cóndor, Puma, Serpiente se encargue de ellos.

Como corolario, nuestra guía Graciela nos dice que aquel poder Inca estaba basado en una idea diferente, la de compartir y realizar el comercio interno.

 

OTRAS VERSIONES

En búsqueda de otros testimonios, ya en Lima me contacto con personas de ascendencia Chanca, etnia asentada en la zona norte del imperio y dominada por los Incas.

Aunque coinciden con el desconocimiento del origen de los Incas, cuentan que estos basaron su poderío en la fuerza y en la administración que ejercieron sobre las etnias menores disfrutando de sus esfuerzos productivos. Cada zona, cada comunidad sometida, tenían un administrador hegemónico dependiente de poder central. De esta manera, todos quedaban bajo el mismo régimen y bajo la misma lengua

La dominación inca estaba orientada a usufructuar beneficios sin atenuantes; los sacrificios eran frecuentes y la selección de las ofrendas hacía víctimas a doncellas vírgenes que eran violadas antes del sacrificio. Una de ellas se llamaba Juana, una niña quien fue luego momificada y hoy se conserva en un museo al norte de Perú como símbolo del dolor histórico de los Chanca.

 

LEYENDA DE MANCO CAPAC Y MAMA OCLLO     

La leyenda afirma que Manco Capac y Mama Ocllo fueron enviados por una divinidad para que sacaran a los habitantes de aquel territorio de la vida desordenada que llevaban, enseñándoles a trabajar la tierra y a las mujeres a tejer sus lanas.

Capac y Ocllo habían sido provistos de un largo báculo de oro con la indicación de que donde esa vara pudiese enterrarse, sería el ”ombligo del mundo”, lugar donde debería fundarse la ciudad prometida.

Luego de peregrinar cerca del lago Titicaca y andar por vastos parajes, ambos emisarios apoyaron la vara en el suelo y ésta se hundió, marcando el lugar donde surgiría Cuzco el centro neurálgico del imperio Inca.

 

HISTORIADORES

Según algunos historiadores, los hermanos Ayar, Manco Capác y Mama Ocllo pertenecían al grupo de los Tiahuanaco, una etnia que habitaba cerca del lago Titicaca y escaparon de allí ante una invasión inesperada de los belicosos Coyas Aymaras.

Fueron ellos, descendientes de familias nobles y conocimientos adelantados, los que se asentaron en la zona de Cuzco.

Los hermanos Ayar con vestimentas coloridas y aplicaciones de metal, llamaron la atención de los lugareños y fueron bien acogidos por los pobladores de la zona. Fueron ellos quienes dieron comienzo a desarrollos productivos con técnicas agrarias innovadores y tejedurías de indumentaria. De la unión en parejas de ambos se originó la dinastía incaica.

Narraciones de los historiadores María Rostworoswski y citas de Sarmiento de Gamboa cuentan que la posición regional de los incas estaba rodeada por otras etnias que disputaban permanentemente el dominio territorial. Las embestidas por la posesión del territorio se extendieron por más de tres siglos y significaron importantes pérdidas de productos y hacienda de los pobladores, especialmente en las zonas fronterizas.

Al norte estaban los Chancas, terribles guerreros instalados en Andahuaylas; al oeste, junto al mar, los Curacazgos y Chumbivillcas; y al sur pasando el caudaloso Vilconata los belicosos Collas Aymaras disgregados en varias divisiones y al este la Amazonía impenetrable.

Esta situación de encierro se mantuvo entre los siglos XII y XY caracterizada por un desorden generalizado en todas las etnias que se sostenían en base a campañas de invasiones para obtener recursos y luego se retiraban sin mantener dominio territorial.

En época del octavo Inca, Viracocha y el co-gobernante, su hijo Urco, se produjo una nueva embestida de los Chancas que derivó en una situación caótica hasta que ambos líderes decidieron entregar la ciudad de Cuzco y rendirse a los invasores.

El príncipe Yupanqui, futuro Pachacutec – llamado así por ser el elevador de la tierra – desesperado hace un pacto con grupos tribales vecinos en base a la división de poderes  logrando así, en una lucha encarnizada vencer a los Chancas.

A partir de entonces Pachacutec pasa a ser el noveno líder Inca y comienza la era del verdadero imperio. Su política, novedosa para aquella época, reemplazó las acostumbradas incursiones devastadoras sobre otros pueblos por una gestión coparticipada y regenteo basada en tres puntos básicos: caminos, unificación del idioma Quechua y administración estricta por el poder central.

Como ya se ha dicho anteriormente, la organización productiva estaba bajo la maestría Inca y cada etnia tenía un conductor que reportaba a la administración central.

Con pautas claras, en lo social se generó un código de convivencia por el cual los pobladores del imperio debían escoger una sola mujer, doncellas mayores de quince años, con quienes se casarían y constituirían familias ordenadas.

 

MACHU PICHU

En el cordón montañoso, en un lugar singular y de difícil acceso, se desarrollo Machu Pichu, como un centro de estudio y experimentación de productos de la tierra, de los fenómenos climáticos y de las influencias astronómicas.

En este lugar convergían los conocimientos de los maestros y sacerdotes sobre esos y otros temas, tales como las mareas y sus efectos sobre las costas, las migraciones de las especies marinas que llegaban al trópico y en función de su comportamiento, los efectos climáticos que sobrevendrían en cada año (como el fenómeno hoy conocido como “La Niña”) y otros.

Los conocimientos adquiridos en ese ámbito era un verdadero capital social que se extendía a todo el imperio, generando regalías, especialmente para la dinastía incaica. Esto generó tal acumulación de beneficios y abundancia, que terminó engendrando problemas con las castas nobles que, pasado el tiempo, traicionarían al control central.

En Machu Pichu habitaba una pequeña colectividad de trabajadores que servía a los nuevos desarrollos y también un grupo de apoyo para atención de los visitantes, hasta que fue abandonado y clausurado para impedir su toma por los conquistadores españoles.

Pachacutec condujo el imperio durante muchos años y, ya anciano, dejó la dinastía y el poder en manos de Tupac Yupanqui hijo, con quien co-gobernó algún tiempo.

Con los años el dominio Inca se expandió y la conducción de la dinastía fue heredada por Huayra Capac, décimoprimer inca nieto de Pachacutec. Huayra Capac tuvo varios descendientes en dos ramas familiares diferentes: una de ellas por su hermana Raura Ocllo, que tuvo varios descendientes entre ellos Huascar; otra rama proviene de su pareja, Tupa Pala, oriunda de Hurin, muy discutida en la nobleza. Una versión distinta afirma que la relación de pareja fue con Tocto Coca, perteneciente al linaje inca, de la que nace Atahualpa.

El entramado de relaciones y las diferencias entre las madres de los descendientes y entre los hermanos Raura y Tupac, da origen al quiebre de mando.

Las diferencias entre Huascar y Atahualpa estallan cuando el líder Huayna Capac enferma de un mal desconocido – probablemente traído por los españoles – y comienza una guerra civil sin precedentes que es aprovechada por Francisco Pizarro. Los invasores tomaron parte a favor de Huascar y lograron de esa manera acoplarse a la corte incluso a través de los hijos que tienen con las princesas con las que se desposan, como fue el caso de Francisca Pizarro, hija del conquistador y de la hija de Huayna Capac.

Atahualpa, por su parte, había logrado dominar la parte norte del imperio y advertido de la toma de la corte por parte de los españoles, en una embestida triunfante destruye todo el palacio de Huascar y lo mata.

Sin embargo, los españoles con el apoyo de la Iglesia dominan al pueblo incaico y desmontan sus templos para levantar nuevos templos y casas con impronta colonial. De esta manera destruyen todo lo que representaba la cultura nativa y consolidan la meta para apropiarse de todo el oro que pueden obtener

Las armas y los caballos fueron la diferencia en combate que posibilitó a los españoles derrotar a Atahualpa, al que finalmente ejecutan.

La dinastía prácticamente desaparece hasta que doscientos años después se produce un levantamiento armado liderado por Tupac Amaru, ahogado en sangre y del que se recuerda su  cuerpo destrozado por cuatro caballos y sus restos esparcidos por todo el territorio, como mensaje arrogante del poder de los invasores.

Todavía hoy se observa la sumisión de toda aquella cultura al imperialismo colonial y es notorio cómo el pueblo participa en procesiones, mitad religiosas mitad paganas, detrás de imágenes que representan la apología de la destrucción y el genocidio.

Quizás es hora de que se reivindique a los pueblos originarios, haciendo renacer la cultura que los sustentó y se escuche a viva voz el mea culpa de los descendientes de aquellos genocidas hispanos.

Agradezco la hospitalidad del pueblo peruano en este Un Viaje en el Tiempo.

 

Rodolfo  Leone                                                     correcciones Luis Oliva Periodista

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