Las edades del ser
Más allá de lo que vemos y
tocamos, está la esencia de nuestro ser, entidad propia de lo que somos y
seguiremos siendo a lo largo de nuestras sucesivas existencias, estadio simple
y cotidiano que encontraremos, solo observando atentamente nuestras vivencias
desde otra perspectiva, casi desde otro ser, el reír, llorar, sentir, gozar, sufrir, amar, son
algunas de las tantas formas en que podemos identificarlo, no necesariamente,
algo es algo, solo cuando podemos tocarlo o verlo, esta dimensión tiene formas particulares
de ser, el sentimiento y la exteriorización del mismo, son tan palpables como
el color del cielo o el perfume de una flor.
Durante una de esas
existencias, como esta en que escribo o lees, revalidamos nuestro saber
precedente, ese que fuimos capitalizando con cada experiencia vivida, el
perfeccionamiento de nuestra esencia se logra con muchos ciclos o misiones, las
que vamos recorriendo en forma de espiral, renaciendo y renaciendo en cada
nueva misión; cuantas mas veces hayamos cumplido con éxito nuestro rodar,
llegaremos a ser seres de luz a disposición del supremo, donde solo están las
viejas almas sabias.
Debemos tener en cuenta que el
solo rodar no significa haber juntado saber, las misiones pueden no ser
exitosas, y debamos realizar otras solo para enmendar equívocos o fallos
anteriores, en la medida que nuestras almas vengan viejas y sabias mostraremos,
comportamientos más armoniosos y serenos.
Si nos detenemos atentamente a
observar las actitudes de las personas, podremos fácilmente determinar la edad
de su alma, el comportamiento de la persona, esta mimetizada con la edad de su
alma, o con el saber acumulado de la misma, cuando encontremos un ser
conductor, aplicado a su familia o a grupos, podremos pensar que su actitud
corresponde a la de un ser maduro, los conductores por lo general no lo son por
casualidad, causalidad es el motivo, cuando veamos una persona que sabe
delegar, estaremos en presencia de una entidad aún más vieja, si esa persona ya
promediando la vida conduce y enseña es aún más viejo, cuando encontremos
alguien que pasó por estos estados y se toma el tiempo para callar y meditar,
siéntate a su lado, que aunque en silencio, podrás aprender, escucha cada
palabra observa cada gesto, porque todo tiene su peso, nada dirá al pasar, y en
él podrás encontrar un ser cercano a la luz.
También si observas
detenidamente en la muchedumbre, podrás identificar almas por ti ya conocidas,
personas a las que te parecerá tenerlas guardadas en tu sentido histórico, podrás
descubrir sensaciones tan profundas, que al verlas entrarás en un estado de
rareza sin explicación, quizá sea un temblor o solo una sensación, pero sin
duda te darás cuenta, que en esa persona, y en esa alma tu también estás reconocido.
El amor, en todos sus estadios, está memorizado en nuestra alma, el abrazo de
un amigo, el sentir de enamorados, los vínculos de padres y hermanos, no se
borran, y tal vez en una fotografía, puedas reconocer al otro, que en algún
giro de tus sucesivas existencias, hayas conocido, y no hablo solo de pocas vueltas de espiral,
puedes reconocerte con otras almas de varios siglos atrás; no temas, y desde
hoy observa tu entorno con mayor
dedicación, quizá estés pasando al lado de quien, en otro tiempo tuvo mucho que
ver contigo, esfuérzate ahora que lo sabes, “Suerte en la búsqueda”.
Rodolfo Leone
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