jueves, 3 de diciembre de 2015


Las edades del ser

 

Más allá de lo que vemos y tocamos, está la esencia de nuestro ser, entidad propia de lo que somos y seguiremos siendo a lo largo de nuestras sucesivas existencias, estadio simple y cotidiano que encontraremos, solo observando atentamente nuestras vivencias desde otra perspectiva, casi desde otro ser, el reír,  llorar, sentir, gozar, sufrir, amar, son algunas de las tantas formas en que podemos identificarlo, no necesariamente, algo es algo, solo cuando podemos tocarlo o verlo, esta dimensión tiene formas particulares de ser, el sentimiento y la exteriorización del mismo, son tan palpables como el color del cielo o el perfume de una flor.

Durante una de esas existencias, como esta en que escribo o lees, revalidamos nuestro saber precedente, ese que fuimos capitalizando con cada experiencia vivida, el perfeccionamiento de nuestra esencia se logra con muchos ciclos o misiones, las que vamos recorriendo en forma de espiral, renaciendo y renaciendo en cada nueva misión; cuantas mas veces hayamos cumplido con éxito nuestro rodar, llegaremos a ser seres de luz a disposición del supremo, donde solo están las viejas almas sabias.

Debemos tener en cuenta que el solo rodar no significa haber juntado saber, las misiones pueden no ser exitosas, y debamos realizar otras solo para enmendar equívocos o fallos anteriores, en la medida que nuestras almas vengan viejas y sabias mostraremos, comportamientos más armoniosos y serenos.

Si nos detenemos atentamente a observar las actitudes de las personas, podremos fácilmente determinar la edad de su alma, el comportamiento de la persona, esta mimetizada con la edad de su alma, o con el saber acumulado de la misma, cuando encontremos un ser conductor, aplicado a su familia o a grupos, podremos pensar que su actitud corresponde a la de un ser maduro, los conductores por lo general no lo son por casualidad, causalidad es el motivo, cuando veamos una persona que sabe delegar, estaremos en presencia de una entidad aún más vieja, si esa persona ya promediando la vida conduce y enseña es aún más viejo, cuando encontremos alguien que pasó por estos estados y se toma el tiempo para callar y meditar, siéntate a su lado, que aunque en silencio, podrás aprender, escucha cada palabra observa cada gesto, porque todo tiene su peso, nada dirá al pasar, y en él podrás encontrar un ser cercano a la luz.

También si observas detenidamente en la muchedumbre, podrás identificar almas por ti ya conocidas, personas a las que te parecerá tenerlas guardadas en tu sentido histórico, podrás descubrir sensaciones tan profundas, que al verlas entrarás en un estado de rareza sin explicación, quizá sea un temblor o solo una sensación, pero sin duda te darás cuenta, que en esa persona, y en esa alma tu también estás reconocido. El amor, en todos sus estadios, está memorizado en nuestra alma, el abrazo de un amigo, el sentir de enamorados, los vínculos de padres y hermanos, no se borran, y tal vez en una fotografía, puedas reconocer al otro, que en algún giro de tus sucesivas existencias, hayas conocido,  y no hablo solo de pocas vueltas de espiral, puedes reconocerte con otras almas de varios siglos atrás; no temas, y desde hoy  observa tu entorno con mayor dedicación, quizá estés pasando al lado de quien, en otro tiempo tuvo mucho que ver contigo, esfuérzate ahora que lo sabes, “Suerte en la búsqueda”.

Rodolfo Leone

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