Una historia de fantasía
Nos hicimos a la mar de la vida desde el
astillero de los Leone, apenas con diferencia mayor a dos años fuimos botados
para desarrollarnos como barcos de guerra, futuros acorazados a los que atrezarían con las armas necesarias para la defensa
en los combates de la vida.
En aguas poco profundas fuimos teniendo las
primeras escaramuzas, experiencias que sirvieron para ajustar nuestras torres
de tiro, no tardamos en encontrar naves cisternas, con quienes navegaríamos los
mares más bravíos, cruzándonos en batallas de vida para defender nuestra zona
de acción.
Cercanos mantuvimos nuestros rumbos, sabiendo de
la presencia del otro, siempre prestos
para acudir en apoyo, ante circunstancias adversas, navegar cerca nos dio
seguridad y confianza, sabíamos que en batallas, tormentas y densa niebla el
otro estaba allí, a una braza, dispuesto.
Gallardos y cautelosos, fuimos navegando en
circunstancias variadas, abrigados por pautas precisas del astillero de origen,
nuestro rumbo era claro, la misión, defenderse pero no dañar. En la estela de
vida ya navegan nuevas naves botadas de nuestras naves cisterna; el convoy se
agranda.
Los tiempos fueron pasando, las ansias de
combatir se agotaron, nuevos rumbos nos esperan, ya con misiones diferentes de
placer, desmontaremos los cañones, los combates terminaron, la nave mayor
se encamina a dársenas de aguas calmas,
todo parece tranquilo, en el horizonte no se divisan nubarrones, todo parece en
paz, quiebran la suavidad del silencio, grandes explosiones, desde la santa
bárbara del barco insignia, el dolor dobla el duro acero; el enemigo acechaba
por dentro ¡nada se puede hacer! ante nuestro estupor y desazón la nave mayor
comienza a escorar, el destino se trunca, no esperábamos tal desenlace, artero y
traicionero fue el destino, en corto tiempo la nave mayor se hundió.
Endurecidos por el dolor, debemos seguir, difícil
es navegar en soledad, la nave escolta y compañera ya no está, debemos seguir
batallando todavía, nuestro rumbo aún está inconcluso, el destino es desconocido,
ya no quedan ganas de luchar ¡se siente la falta! desconcertados ponemos proa
al sol buscando la luz.
Rodolfo Leone
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