jueves, 3 de diciembre de 2015


Escuchando las voces del silencio en el retumbo de la tarde, justo allí cuando se alzan en concierto el canto de sirenas en lo profundo de mis oídos, distintas a las de aquel Ulises, que en locura extrema navegaba por tempestuosos mares bravíos, inmutables están las mías, que llegaron con el tiempo, cuando las canas te dicen que es el tiempo de pensar.

En el silencio atronador, ellas se hacen presentes y sutil aparecen voces, que como en parque de gnomos encantado, te invitan a pasear por el recuerdo que luminoso y expectante siempre está.

Con solo cerrar los ojos, una y otra vez, cerrarlos y cerrarlos, capa sobre capa, hasta lograr la oscuridad total, mientras en colores llegan las imágenes a la mente, para comenzar a flotar y disfrutar del espacio, con solo el intento de volar.

En torno a mí están todas las cosas que a mi felicidad alimentan, allí me separo de mi alma y la veo corpórea, amiga, compañera, confidente, donde de igual a igual le digo:

 

 

 

Mi alma y Yo              Alma parte I

 

Hay alma mía que no entiendes, de razones terrenales,

Te crees con el derecho a tener lo que sentido esperas,

pero no ves que las razones por los hombres aceptada

te dice que no vale nada, la angustia provocada.

 

Sentimientos encontrados en situaciones no esperadas,

es que tu no sabes nada de acuerdos colectivos, los que obligan a callarte y te mandan al olvido, mientras lloras amargamente tus anhelos prometidos.

 

Es que no te has dado cuenta, tu planteo aquí no encuadra,

en estos tiempos de avanzada donde la razón esta quebrada

has quedado en segundo plano, no me dañes desde adentro

yo arreglo no consigo, en el mundo que he nacido.

 

No estaba preparado para entender la razón hallada quisiera en paz vivir contigo, alma mía quebrantada, lleva tus dolientes quejas al otro mundo si lo quieres porque en este de repente, no hay lugar a tu planteo.

 

Te miro con cariño, y como hermana yo te siento más, coincido en tu sentir, pero aquí no tiene arreglo viajamos desde siempre, compañera de aventuras en mi pecho yo te siento como sufres día a día.

 

Tu pretendes que yo viva, en concilio eternamente, te cuento que aquí afuera las cosas son diferentes, batallar me fue difícil, por eso estás herida, mas te juro que yo hice lo mejor que he podido no te canses todavía, aún quedan muchos caminos.
Rodolfo Leone

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