domingo, 28 de agosto de 2011

Recuerdos de Alto Alberdi


Entre Amigos
Rodolfo
Como en todo lugar y en todo tiempo, existen historias barriales que enriquecen y alimentan la cultura de los pueblos, ocurre sistemáticamente; solo que en este caso se trata de nuestra propia historia, la de nuestros recuerdos, que a lo largo de los años un par de amigos atesoramos y de tanto en tanto desempolvamos para disfrutar de los recuerdos, entre mates, vinos y asados.
Como en todo grupo de amigos, siempre está el mayor y el cola de perro, el más chico,  Tomás y Yo Rodolfo, somos las puntas cronológicas de este grupo, que el destino nos permitió continuar la amistad a través de la vida. Apoyados en la memoria de Tomás que parece un baúl sin fondo y en la mía que no se queda atrás dejaremos plasmados los recuerdos como homenaje a nuestro tiempo juvenil.
Tomás dice así, Me he decidido, a instancias de mi “primo “Rodolfo a contar, historias de nuestra niñez y juventud, ocurrida en Alto Alberdi. Según sus dichos, siempre le costó escribir lo que pensaba o quería decir; lo cierto es que hoy peinando canas y a los postres, de una reconfortante cena,  vamos soltando el cuerpo como quien no quiere la cosa, contra el respaldo de la silla, esquivando con la mirada, los cogotes de  algunas botellas de vidrio grueso, que medias vacías yacen en retirada sobre el mantel. A Tomás se le achican los ojos como puñalada de tarro, dejando ver allá en el fondo un brillo parpadeante, y es allí en ese momento, cuando comienzan a florecer los recuerdos, Che Rodolfo te acordás de aquella vez cuando estábamos… ó salgo Yo con,….. Todavía me parece estar viendo aquella tetona que vivía a la vuelta de….. Así pasa el rato, que para nosotros sin dudas resulta divertido, pero quizá un plomazo para los demás comensales, que solo les queda observar a estos dos locos vehementes que entre carcajadas, gestos y manos en la cabeza navegamos en viejas narraciones sexagenarias.
Los hechos nos sitúan, entre los años 50 al 70 en la zona de Alto Alberdi, otrora barrio la Toma,  allá por Duarte Quirós al tres mil, barriada por donde transcurrieron hechos que prendieron fuego en nuestros corazones, los que mantienen aun el calor de aquellos años de juventud.

Allá quedaron anclados como señuelos los barriletes que el viento mantuvo en vuelo, a donde volvemos de tanto en tanto, para abrevar en nuestros orígenes y así reafirmar nuestros rumbos.
Allí amasamos nuestros anhelos, nuestras ilusiones, allí soñamos con el pecho erguido los rumbos más ambiciosos, todo era posible, todo, incluso el hoy, ¡nuestra amistad! con sabor a vino, con sabor a viejo, con sabor de abrazo, con sabor de hermano.

Con la intensión de no aburrirlos a los postres de algún asado, compartiremos con Ustedes anécdotas en la palabra escrita, tesoro viviente que el tiempo no apagará, haciendo nuestras las palabras del poeta Solo moriré cuando muera el último recuerdo de mí.

La mística y la fantasía de los recuerdos mejora con el tiempo como los buenos vinos, que como las monedas, los relatos también tienen dos caras, ¡esta es la nuestra!, nuestras anécdotas, basadas en los acontecimientos vistos bajo el punto de vista de dos jóvenes, que hoy abren el baúl de los recuerdos en rueda de amigos con cariño y la mejor intensión, por lo que algunos nombres de los personajes mencionados, pueden ser cambiados para evitar complicaciones.

En Alto Alberdi de aquellos tiempos la Duarte Quiroz era todavía de tierra, acostumbraban  los vecinos a sentarse, por las tardes en la puerta de sus casas ¡a la fresca! sacaban los sillones de mimbre, aprovechando la ocasión para conversar y saludarse. La relación era casi familiar, amena y respetuosa aunque nunca faltaban los comentarios en voz baja y mirando para abajo y tapándose la boca con disimulo.
Duarte Quiroz era una calle ancha, casas con grandes veredas, grandes árboles  y jardines que algunos vecinos extendían en sus veredas, también se encontraban algunos  con bancos de piedra y ligustros,  donde algunos novios desaparecían y los más chicos durante el día nos escondíamos en nuestras andanzas.

Por aquella época el camino a La Calera atravesaba nuestro barrio, serpenteando, entre las calles Dean Funes, León Pinedo, Caseros, Maestro Vidal, desembocando en camino a Don Bosco, donde estaba la estación de servicio de los Porta, hoy continuación de Duarte Quiroz, aún quedan algunos carteles de hierro indicando alguna curva del camino como si se tratase de alguna localidad serrana.
Esta ruta sin duda había generado un centro comercial de importancia, coincidiendo con el final del recorrido del tranvía dos que daba la vuelta en Veintisiete de Abril y León Pinedo.

En otros tiempos esta era zona de quintas, organizadas con un sistema de riego por canales; de allí el nombre La Toma.
En aquella época todavía se podían ver restos de los canales de riego que hacían nudo de derivación, justo en la esquina de Maestro Vidal y Don Bosco, allí había una salida por maestro Vidal hacia abajo y otra continuaba por Duarte Quirós pasando frente Bertucci, D´Elia, Porta y Herrero, continuando en la siguiente cuadra.
Si bien las quintas habían desaparecido con el avance del caserío, estos canales aún estaban visibles, en aquellos años,  especialmente en los sifones para el cruce de las calles. Bastaría con cavar en frente al monumento de Don Bosco para descubrir restos de aquellos acueductos históricos.

Calle abajo por León Pinedo, encontramos, la calle Caseros en esta esquina doblaban los Leyland, colectivos de la línea seis de la CATA; con una paraba justo al frente del Sanatorio Alberdi, altura 2930 aproximadamente, en la esquina la farmacia de don Jacobo Urovich; al frente el dispensario al lado el Dr. Baquiani, verdaderas referencias de aquellos tiempos. En la otra esquina doblaba el tranvía dos, justo en Veintisiete de Abril, esta esquina había tomado mucha importancia, representaba un verdadero centro comercial del barrio, la ferretería de Carivalli, en frente el legendario quiosco de revistas de Don Carballo, la tienda Atti, y pegado el bar con grandes ventanales y la peluquería de Gorga,  con su clásico esterilizador de navajas y tijeras que parecía un marciano plateado, el cartel de Glostora y ese típico tubo con rayas oblicuas amurado al frente; siguiendo por la misma vereda la comisaría once, otra ferretería una tienda y tantos negocios más, al frente la tintorería del japonés, todo esto sobre la león Pinedo.
Un poco más arriba, la panadería La Valenciana, y como para olvidarla, tenía una hija a punto caramelo que reventaba la tierra,  todo era impecable, estilo europeo, mostradores de mármol, una caramelera con tubos de cristal llena de caramelos alargados envueltos en llamativos colores y el azúcar brillante de las gomitas de mascar, me parece estar viendo las típicas bananitas de color amarillo claro, las gallinitas rellenas de licor; las masas, un verdadero lujo para el barrio.
En frente estaba la carnicería de Nardulia, única de Alberdi con cámara frigorífica, infaltable a la puerta El Horacio, con un par de jugadores menos en el banco, vestido con jardinero azul, siempre atento para saludarte y preguntarte Che pibe, A donde Vas? Ó que hora es.
No podemos dejar de nombrar al Mono Relojero Moscardini gringo llegado en los años cincuenta y en la otra cuadra, la panadería la Robai, y el almacén de los Genrre.

Calle destacada si las había, allí estaba el cruce del Tranway, ícono de la época, los Leyland, la línea “E” generaban una suerte de ombligo del barrio. Sumada la calle Dean Funes al dos mil ochocintos por donde estaba del Cine Select  el bar de Los Porteñitos. La casa de fotos, el Kerosenero De La Fuente y la bicicletería de Bralisch.

Al barrio Alto Alberdi no le faltaba nada, en un radio de pocas cuadras se encontraban la iglesia, escuela, plaza, dispensario, bares, policía, biblioteca, médicos, partera, músicos y cantantes, sin olvidar las proveedurías, el kerosenero, la carbonería, la forrajearías,  incluido un tambo, estaba todo al alcance de la mano. 
Tomás

Me he decidido, a instancias de mi “primo “Rodolfo a contar por medio de estas líneas, tomándome el atrevimiento de hacerlo por escrito, historias de nuestra niñez y juventud, ocurrida en Alto Alberdi.
Digo el atrevimiento, pues en muy pocas oportunidades en mi vida salvo dos o tres cartas, y de todo lo técnico medico, necesario para el desarrollo de mi profesión, jamás me he tomado el trabajo de de plasmar en papeles lo que pensaba o quería decir.

Alto Alberdi, el solo nombrarlo me traslada a aquellos años, en los que libremente crecíamos bajo pautas claras y sencillas, respeto y amistad por sobre todas las cosas, reglas básicas que los viejos nos daban, mientras cumpliéramos con el colegio el resto se acomodaba. Con una mirada retrospectiva diríamos, una Infancia feliz, crecíamos con amor, cariño de nuestros padres,  y de sus amigos avenidos en tíos del cariño.
Eramos familias de nivel medio que no vivíamos en la opulencia, pero gracias a Dios, en aquellos años gozamos y disfrutamos de un bienestar poco usual.
En nuestra casa Tristán, mi padre, quien se desvivía por sus tres hijos, había hecho instalar juegos infantiles como hamacas, tobogán, sube y baja y además contábamos con bicicletas, coches a pedal, remo ciclos, sulky ciclos teníamos además  toda la parafernalia de juegos infantiles que se pudieran conseguir en esas épocas.
Había modas o temporadas en los que algunos juegos se                     predominaban sobre otros: algunos meses sobre todo los ventosos sobresalían los barriletes. Tristán era el hábil personaje que los confeccionaba con rara habilidad, pues no era fácil hacerlos, había que conseguir las cañas adecuadas en cuanto a madurez, rectitud y tamaño de las mismas, de acuerdo a si se hacia un papagayo, una estrella o u medio mundo, los mas comunes, pero había otros mas sofisticados, además no existían como ahora vendedores de barriletes hechos como en serie.
El confeccionar uno de estos artefactos por parte de papa era toda una ceremonia, hacer el engrudo con que se pegaba el papel (no debía quedar empachado)



Pasaje Mordini

Este pasaje se cortaba en sentido de Duarte Quiroz al topar con lo de Bertuci, justo en esta cortada, teníamos nuestra sede de operaciones, allí hacíamos nuestros partidos de fútbol, quemábamos yuyos en San Pedro y San Pablo jugábamos al trompo, y todo lo que la imaginación de aquellos amigos  surgiese.

Usina de de historias, que conectadas como telaraña, provocaron una reacción en cadena forjando los pétalos  de aquella flor que  como perfume al aire nos hizo volar y crecer.


Nombres de personajes que estuvieron presentes en nuestros tiempos, como patrimonio de esa barriada; sin duda los viejos de hoy, que mezclados en anécdotas,  pertenecen al tesoro histórico de nuestras memorias.

Los Mordini
Me referiré ahora a mi relación con los Mordini, yo era mucho menor que todos ellos, aproximadamente entre 10 y 15 años, pero a pesar de ello gozaba de la amistad y buena predisposición de algunos de los hermanos, sobre todo  de Poldo, Kakin y Chocha.
Fueron ellos quienes con su afición a la música clásica despertaron en mi el placer y la superación de espíritu que provoca este tipo de manifestación artística
Todas las noches en la galería de su casa paterna se reunían y  escuchan grabaciones en discos 78  a los grandes de la opera y la lírica italiana, fue así como aprendí a conocer y a gustar profundamente de la voz de los grandes como Caruso, Beniamino Gigli, Tito Schippa Carlo Bergonzi.
Ellos me aceptaban en su sesión de música y canto y no solo me permitían concurrir sino que me explicaban los pormenores de la letra y partituras.
Parece increíble para quienes hayan conocido a esta familia tan particular, aceptar y comprender en ellos esa pasión por la lírica. Durante varios años fui un asiduo concurrente a esas veladas, donde se reunían todos los hijos del matrimonio Mordini, aveces Poldo, el mayor acompañado por Kakin entonaban las letras con hermosas voces de tenor.

Kakin
Era Kakin el 3° o 4° hijo, no recuerdo exactamente bien, pero si era uno de los mas particulares de esa familia tambien particular. Hombre mas bien alto delgado, enjuto, bien plantado, muy “buen mozo”, pero adolecía de algunos problemas, no se bañaba ni aseaba de manera diaria, se afeitaba cada cuatro o cinco días, y rara vez se cortaba el pelo, de modo que casi siempre lucia un aspecto sucio, desaliñado y a veces casi repulsivo, pero lo compensaba con su personalidad y su carácter afable.
En una ocasión en que estábamos en la esquina de casa, al frente de la de los Mordini, apareció un personaje elegante, camisa blanca, corbata roja, pantalón gris claro, peinado y afeitado, era Kakin!!!!, quien se dirigió a nosotros para pedir que alguno fuese a comprar cigarrillos, pero claro no podía con su genio y su personalidad, nuestro asombro ante ese cambio radical en su aspecto, desapareció inmediatamente, cuando se dio vuelta para regresar a su casa, lucia un enorme agujero en la espalda de la camisa.
Era Kakin un claro exponente de las debilidades humanas, se comentaba que era una persona a quien la naturaleza había provisto de una virilidad de un tamaño desusado, por eso, era de ver los automóviles con mujeres que paraban en su casa y que luego de unos llamados de bocina aparecía nuestro personaje con su aspecto desmañado y sucio, subirse al automóvil y partir raudamente.



Los Bertuci
Eran los Bertuci una tradicional y a la vez prominente familia del barrio.
Recuerdo con toda nitidez a Doña Rosa Mordini, hermana de Leopoldo Mordini, quien al enviudar, quedó como cabeza de los Bertucci. Esta matrona, de porte imponente, graciosamente obesa, al estilo de mi abuela Josefina, y de aspecto casi militar, comandaba la tropa. Su marido, de profesión constructor fue quien diseñó y construyó la hermosa residencia de la esquina de Duarte y Quirós y Velez, donde vivían los Mondazzi.
Vivian en una casa también de diseño y construcción muy particular, yo diría de avanzada para la época y el lugar donde fue hecha.
En esa casa convivían, además de Doña Rosa, quien a esta altura ya era viuda, Santiago, hijo mayor, solterón, y José, el menor, alias Don Pepe, quien a su vez estaba casada con Rita Yofre, dama emparentada con familias patricias de Córdoba.
De ese matrimonio, habían nacido tres hijos : Mavi, un poco más grande que nosotros, por lo tanto casi no la frecuentábamos, Santiago, amigo de toda la vida y casi el eje de mi descripción de los Bertuci, cuyo mote era y aun es  “calefón” y Pepito el menor, también un personaje muy particular.
Desde siempre estaba a su servicio Catalina y pequeña hija quien era una persona todo servicio para esta familia, desde ocuparse de la tareas domesticas, actuar como dama de llaves, cocinera y hasta por allí creo que sin equivocarme de desfogar al solterón y enseñar algunos menesteres a los jóvenes Bertuci.
Desde todo punto de vista y por donde se los mirase era esta familia totalmente distinta en su idiosincrasia y forma de vida.
Ejemplos hay miles, vayan aquí algunos. Calefón se llama Santiago José, y Pepito, José Santiago, llevando ambos los nombres del padre y del tío pero en sentido inverso, no sé si será por falta de imaginación (cosa que seguramente no les faltaba) o por una muestra de megalomanía.
Pepe padre, era a su vez un personaje extraño a mis ojos y mi mente.
Alto, bien plantado, buen mozo, vestía muchas veces con una camisa sobre cuyo bolsillo superior izquierdo llevaba una serie de presillas para colocar sus pipas, pues era adicto a esa forma de fumar tabaco, lo que le confería un tono de voz ronco y una forma muy particular de hablar pues lo hacia emitiendo sonidos y efectuando breves chupadas a la pipa. Con mucha frecuencia vestía breeches de color claro, con medias tres cuartos con diseños romboidales y siempre calzado con zapatos de golf combinados blanco con marrón o negro.

Hombre de mente abierta, inteligente, yo diría casi un adelantado para su época, de gran cultura, pero a su vez intransigente en sus pensamientos, para él no había pluralismo, siempre el decía la verdad y sólo la verdad, recuerdo haber estado presente en acaloradas y profundas discusiones entre él y mi padre, quien era más liberal y discutía con fundamentos.
Pepe Bertuci junto con su hermano habían conformado una empresa constructora, que en aquellas épocas de la dictadura peronista y por ser Pepe un apasionado de la doctrina del general, ganaron la licitación para la construcción en la Provincia de Córdoba de todas las viviendas de los planes Eva Perón.
Fue así que en muy poco tiempo, hicieron una enorme fortuna, lo que los llevó a vivir de manera millonaria y asombrosa para aquella época
Vivian en una casa edificada en un enorme terreno, que yo diría que era casi una manzana.
El estudio de Pepe estaba construido bajo el nivel de la vereda, idea imposible para aquellos tiempos y su techo formaba una amplia terraza a metro y medio de altura sobre la vereda, donde Pepe se pasaba tardes enteras sentado en cómodas sillas, observando el transcurrir del tiempo y de la gente.
Era la única casa con pileta de natación por esa zona y de la cual, como amigos disfrutábamos todo el verano.
Con Santiago (calefón) nos une una larga y estable amistad, que perdura a través de los años.
Calefón, era sin duda uno de los más notables y especiales componentes  de la familia.,.
Creció en medio de la vorágine que los había envuelto a todos, el crecimiento de su fortuna, sin embargo y a pesar de actuar desde los once o doce años (y aun hasta hoy como “patrón de estancia”)  era una persona sumamente generosa.
Recuerdo las infinidades de veces que al medio dia de los sábados  invitaba a almorzar a un grupo de diez o doce amigos que compartíamos la mañana sabatina en un bar y restaurante de moda,”Dixie” frecuentado por la juventud de aquellos años, echo que se repetía con frecuencia.

Rodolfo
Nombraremos una cantidad de personas contemporáneos de aquellos tiempos, y con seguridad me olvidaré de tantas que a lo largo del relato y cuando la memoria nos ayude iremos agregando.

Los Porci, Los Riol, don Pepe y Santiago Bertucci, Los D´Elia y los Leone, Los Porta, Los Herrero, El mende y doña Ida su Mamá, Los Simonasi, Don piedra buena, cantor lírico, Los Fasola, Los Pinto Los Martí, Liliana Percello,  La Cata De Vita, el Tabo, Vidal y la Lina Aparicio, la Chospa, Los Suadez, Doña Teresa y el Tito Dow,  los Suarez,  Los Ríos Gomez, Hugo y Edi Polatini, los Dobla, Cristino  Brito,  El Cholo, la Lica y La Chichi Torrella, Don Bulchi, Los Robai, Los Genrre, De Lafuente, Los Fracchia, Los Lechi, Los Poggio, Los Cosa, los Lopez, los Billata, Spelding, Los Huehara,  La Cachela y la Paula Bazán, El Bigote de Paja, Rodolfo El carbonero. Los Zetti, Los Maldonado Los Baske, Los Simon, Los Ferrari, Los Sirito Marquez, Los Molina, La Mondazzi, El cura Chiavasa, La Potota, Negrita, Medardo y Lalo Moyano, Doña Claudina, su hija Gina, y don Pepe Calvi, El Nono Herrera y la Nona Rosa Braco
El Mario y el Claudio Italianos, La tía Nena Miguez, el Tío Tristán, la Beta y el Daniel Britos, el Pito, Lalo y Miki, la Chocha, el Caquin y la Nena Mordini, el Eduardo y el Ofito ó Rodolfo Leone, Mario y Eduardo Podio, Pequiné y el Oscar Pereira, la Chospa, doña Gimira Cañon de Guevara, el Machi, La Gaba de González y sus hijas, Pepe, Malale y Daniel Moyano, Perla, Gringa, don Sebastián Porta y doña Catalina , el Pololo, la Norma La Elvira Herrero, el Mende y el Minino, la Perla y la Gringa Porta, el Pepe y el Calefón Bertuci los Rizo, el Rodolfo de la carbonería, el palo vestido, las Molina, la Graciela Mondaci, (calefón),  la Tutina Porci y su papá el zapatero, Anita y el Negro venenoso y la Mainé,

El tiempo y la fantasía juegan un papel importante en los recuerdos, haciendo honor a nuestra raíz emotiva, acompaño este  relato en forma de sátira testimonial, con todo cariño.

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Como recordando las cosa bellas de mi pasado, les dejo esta sátira testimonial, en ella menciono a personajes de mi barrio Alto Alberdi, que con seguridad la imaginación volará y formas le dará; el relato está inspirado en las hermosas lunas,…… orgullo profundo de mujer,……. al que titulo.

 Las Tetonas

Yo soy de Alto Alberdi, barrio alegre si los hubo, donde se paseaba la Maine, donde orondo fumaba en pipa Don Pepe Bertuci y en el pasaje Mordini escuchaba música clásica la Chocha y el Caquín.

Soy de allá, donde las tetonas lucían imponentes y vaporosas, puntiagudas y redondeadas atraían nuestras miradas, con las pupilas afuera, mientras con la mano por un bolsillo deshilachado, apretábamos el ganso bravío, en eterna primavera.

Nací en aquella Darte Quiroz de tierra, donde el Pepe y el Calefón paseaban sin razón, en el Morris 8 de su viejo, a pura llanta pelada, cubiertas no tenía, mientras Don Pepe Bertuci placidamente su siesta dormía.

Famoso era mi Abuelo, el sastre Don D´Elía viudo un par de veces, bragueta envenenada le decían, buscando un nuevo amor,  a las tetas de la Rosa le escribía, versos en prosa y rima donde seguro el ojo y alguna mano metía.

La Rosa era una artista para calentar al viejo,  con escotes de primavera delante de él se agachaba, como quien  no quiere la cosa buscando alguna pavada extraviada.

Prominente era la Rosa, de pendejo la miraba y en los viajes a Cabana cerca de ella me sentaba, con el codo le  rozaba semejantes grandes tetas, los ratones me corrían desde el ceso a la bragueta.


Siempre me gustaron la viejas, pero ni el apunte me llevaban, una vez de abalanzada a una amiga de mi vieja, no me pude contener y  la mano metí en la teta, no falto que me acusara, a mi vieja por supuesto, que quilombo se me armo esa vez, con aquella vieja pinchada,….. ¡ no sabía compartir !


En aquella zona, las pechugas florecían, las chatas no existían, nombres propios le poníamos, a las viejas por su aspecto, la Mis Tambo, La Pezonuda, hasta la Bananita por su forma, sin olvidarme de la italiana La Puntuda, y la Viuda del Doctor, mujeres que a mi entender pasaban del talle ciento veinte, que hermosa sensación...ni a kerosén ardiendo, nos tendrían tan calientes.


La ciencia acusó la falla de aquellas pobres despechadas, Oscarcito el cirujano, con habilidades de escultor, ya de jovencitas las mejora con el bisturí en la mano. Enseguida se les nota,  y las muestran sin recato, esas prominentes lunas, que tanto esperaron,…..¡ ahora suyas !,… porque las pagaron.


En mis tiempos la regla ya era clara; minas altas, patas flacas, poco culo, tetas grandes; mejor culo, menos teta, más sabrosas, más sensuales; las petizas son sorpresa, hay que verlas subidas a una mesa. Si es “pa” novio prevenirse, a la vieja hay que mirarla, si la cosa no convence, pegarse el piro y rajarse.

Ya por suerte pasó la moda, inventada por los trabas, las chicas de las pasarelas ya se ven más armadas; yo vengo de aquel barrio donde brotaban las tetonas, en los tiempos de franelas, de zaguanes y meta joda, en Alberdi la cosa estaba clara, puto había uno, maría luisa le llamaban, el gordo no jodía y en el tranvía lo cargaban

Si en casa de estudiantes aparecía alguna loca, enseguida la noticia iba de boca en boca, postulantes se amuchaban, rebuscando en los bolsillos, algún vuelto olvidado; enseguida dividían los novatos a un lado, los amigos empujaban y por la ventana algunos se rajaban. Aprendices de galanes que el cuero no les daba. Las maestras te enseñaban a meterte en la tarea, en la próxima juntada se anotaban a primera.

El delirio era infinito el ingenio no faltaba, por sortear algunas vallas, si de ponerla se trataba. Sin motivo conocido por el frente no golpeabas, por los techos se llegaba más discreto todavía,  para visitar alguna vieja que consuelo no tenía; no faltaba la metida, que en el barrio comentaba, usted sabe vecina, por los techos se escapaban.

De ninguna yo me olvido en mis ratos de descanso, aunque parezca yo dormido en mis recuerdos viajo, como no mirando nada, con los ojos entre abiertos, se me escapa una sonrisa, de alguna cagada yo me acuerdo. Agradezco haber vivido atesorando mis recuerdos de aquel barrio Alto Alberdi, donde brotaban las mujeres.

Por ser el más chico de aquel grupo, cola de perro yo quedaba, mi terapeuta me decía, déle adelante con todo, no se quede!, me acordé en aquel momento de mi amiga la Margó, que buena estaba la vieja, que lo parió; siempre la recuerdo en una tarde de verano, con  respeto me decía, Usted métale con todo “mijo” de pararla yo me encargo.

Menos mal y toco madera, las minas desde chico me gustaron, La Masoya me contaba  de chiquito mañas tenía, mientras ella me alzaba, la mano en el escote le metía; parienta ó no parienta eso no importaba, si las lunas mostraba con fantasías las miraba,  me acuerdo de la Norma tía del cariño sería,”ppuag” que lo parió! que par de tetas tenía.

Presten atención porque esto es histórico, Yo lo vi., no me lo contaron, nunca supe el porqué,…. quizás el agua,…. quizás el clima,….. pero en Alberdi esto acontecía.
Modista debía ser la vieja, por su habilidad con la costura, yapaba dos corpiños para hacerlos más profundos todavía, que vieja desgraciada, que tetazas que tenía, no podía mirarse los pies, si se agachaba se caía.

En Alberdi de aquel tiempo mi experiencia yo juntaba, en el grupo era el más chico, maestros no faltaban, si al futbol se jugaba, en el arco me ponían, en el tema de las minas los mocos me comía, al trompo me jodían, el balero no encajaba, con un  barrilete casi me mato, que desde un techo remontaba, bajo un ómnibus me caí, gracias a Tomás lo estoy contando, hoy disfruto en mis recuerdos y con ustedes lo comparto de aquel barrio de alto Alberdi, donde brotaban las mujeres.

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Los Fracchia
Con Eduardo “Manará” estuvimos juntos desde la niñez, nuestros padres estaban vinculados por algún parentesco político lejano, y una buena relación afectiva fortalecida por la cercanía de sus orígenes piemonteses, quizá la bagna cauda y algunas pastas amalgamaban sus destinos.

Es imposible relatar nuestras vivencias con Eduardo, sin explicar un poco el panorama familiar.
Los Hermanos Fracchia, oriundos de Fellizano Italia, piemonteses de pura sepa, llegaron a instalarse en Córdoba al menos cuatro de varios hermanos, tres mujeres y un varón; Edubige, María, Marina y Rogantino. Construyeron tres casas contiguas en la calle Duarte Quirós de Alberdi. Rogantino, abuelo de Eduardo, vivió en medio de sus dos hermanas María y Marina.

El Papá de Eduardo, Nino, de apodo pero se llamaba Defendente Fracchia, un nombre un tanto extraño

Aquí agrego una perla que, me aportó Yolanda hermana de Eduardo; resulta que el Nono Rogantino ya estaba casado en Italia, y del matrimonio había nacido a Nino, papá de Eduardo, posteriormente nace una hermana a la que El desconoce aduciendo que no es hija suya. El quilombo fue mayor, resultado de esto, Rogantino se viene a la Argentina con su hijo de cuatro años junto a sus  hermanas y Nino no ve más a su Madre. A todo esto en Italia, la hermana desconocida por su padre, con los años se mete a monja y mantiene un diálogo de cartas con la señora de Nino, vía por donde llega una fotografía de la Suora en cuestión, mayor fue la sorpresa al ver que esta se parecía a los Fracchia. ¡Cosas de la vida!.

Volviendo al tema, Nosotros les llamábamos Tíos, por costumbre familiar, a la Tía Marina y al Tío Alberto Lechi, Nonos como les decían sus nietas, a María y su esposo Pascualin eran Tíos, mientras que a Rogantino Don Rogantino, ….así le decían mis viejos, ó Nono Rogantino para los Fracchia.
Aunque en realidad no existía ningún vínculo familiar de sangre entre nuestras familias.
El tío Alberto Lechi, tenía alguna cercanía política con los Bianchi, rama materna del Leone de donde el tío posiblemente sería El.
La relación entre mi abuelo Felipe y ellos se distanció después de la muerte de mi abuela Rosa Bianchi, allá por el treinta y cuatro.

Radicados estos en Alberdi desarrollaron su vida a la costumbre italiana. Las tres casas se construyeron tipo chorizo, una pieza después de la otra, con puertas que las comunicaban, una galería, un  gran parral al costado, que daba una fresca sombra en verano, el baño en el fondo y el infaltable sótano.
Como al estilo de las viejas familias. Las casas estaban unidas al fondo por puertas sencillas que permitían una vida muy mezclada. La famiglia unita.
Cuando las familias fueron creciendo y quizá por algunas diferencias, de esas que nunca faltan, estas puertas se fueron cerrando, y así la independencia fue mayor.

 En los sótanos, cada uno hacía celosamente su vino, por supuesto a la costumbre Italiana, menudos problemas debían sortear ante el nuevo clima cordobés, las cosas no salían muy bien, y algunas veces salía vinagre, pero igual lo tomaban, como buenos  piamonteses, no iban a torcer el brazo... mmmm buono il vino, questo é meglio che´l Tuo.

El Tío Alberto tenía una carnicería, de aquellas en que la media res se colgaba con un aparejo de soga, la carne se despostaba con cuchillo y cierra de mano, esas de arco, de unos ochenta centímetros de largo. De frente un mostrador de hierro hecho con planchuelas y ángulo, tenía algunas figuras en círculos, adornando la estructura. Arriba se destacaba una mesada de mármol blanco, una balanza de platos vidriada  y un cajón con varias pesas. Recuerdo que siempre había una fuente con la carne molida, a la que sin que me viesen sacaba un puñado para comer. A lo largo de la mesa tenía una madera gruesa donde se cortaba la carne, con una ranura por donde corrían las sierras de mano y un ventilador de techo en medio del local, de esos con el motor a la vista y largas palas.
Aún veo en mi recuerdo, el aparejo de soga a la izquierda atrás de la puerta, una escalera de madera de dos peldaños, el mostrador pintado de blanco, y una tarima en donde se paraba el Nono Alberto, la heladera contra la pared posterior y allá por los sesenta incorporó una sierra sin fin.
En el sótano estaba la máquina de moler carne con un gran volante, donde perdió un dedo la Tía Albertina, de traviesa nomás, y una encorchadora de botellas.
La Nona marina siempre vestía de negro, por algún luto pasado presente ó por venir, pero no la recuerdo con otro color de ropa.
De esa pareja nacieron dos hijas, las tías Nina italiana y Albertina de gestión nacional.
La tía Nina se casó con Antonio D´Elia mi tío hermano de mi vieja, la Nélida, y así pasamos a ser primos “de en serio” con las chicas D´Elia Cristina, Susana y Mirta-

María y Pascualín Poggio tuvieron dos hijos Irma y Mario, este se casó con Noemí un personaje que revolucionó a los viejos gringos. El Tío por su parte, se dedicó a la construcción de casas y con su tradicional bicicleta con porta equipaje, iba y venía todos los días.
Rogantino Fracchia, Vivía con su hijo Nino y su nuera la Chicha, padres de Adriana, Eduardo y Yolanda.
Por aquellos años El Nono estaba retirado de la labor diaria, solo atendía su quinta en un terreno de la cuadra anterior, de unos veinticinco por cincuenta metros. Llevaba su cinto por fuera del pantalón un poco más debajo de las presillas que dejaba aparecer el borde como hojas de  repollo. En esa quinta con Eduardo hacíamos todas las travesuras imaginables.
Traspasando la puerta de madera, atada con una cadena y candado, estaban las plantas de  granadas, luego el consabido pico de agua y un tanque de cemento medio roto, allí se juntaba el agua para el riego,  en las siestas cuando el Nono Rogantino dormía, llegábamos Nosotros, Comíamos todo lo que encontrábamos, rabanitos, pimientos tomates y zanahorias. Todavía recuerdo que no debíamos lavarlas en el estanque de agua, ya que embarrábamos el agua. Encontrábamos de todo naranjas, mandarinas  y  al fondo unos tunales, que con cuidado comíamos.
Hera una aventura pasar un par de horas allí, hasta que volviese el abuelo, que en realidad era muy piola. Pero como todas las cosas, aquello terminó, allá por los años cincuenta el Nono Rogantino murió y al poco tiempo  la quinta se terminó.
Nino por su parte, fue todo un personaje, fuerte, trabajador  y esquematizado, rígido en sus pensamientos, había trabajado en Goldman una casa de refrigeración, para ese tiempo ya estaba independizado en el oficio y con su chata Chevrolet del veintisiete, era más conocido en el ambiente que Gardel,
Muy amiguero le gustaba contar cuentos, los que se anotaba y al pasar por la puerta de sus clientes, bajaba le contaba algún cuento, y luego seguía en su recorrido.
Un tipo muy ordenado y responsable, en la época de invierno desarmaba su chata y la reparaba totalmente, tenía tres motores que cada dos ó tres años los cambiaba; su chata siempre estaba lista para salir. Lo único que en invierno te cagabas de frío.

No puedo precisar bien el modelote la chata, 1926 ó 27, solo recuerdo que en ese año el sistema de dínamo y arranque cambió a uno más confiable, motivo por el cuál Nino le cambió el motor. El tanque de nafta estaba instalado arriba del carburador abajo del torpedo, y alimentaba por gravedad al carburador, cuando el flotante no cerraba bien el carburador perdía nafta cuando el motor estaba parado,  El le instaló una válvula de refrigeración para el corte de combustible, a nivel de piso, delante del asiento del acompañante; cada vez que arrancabas el motor la abrías con el pié. Sistema sofisticado de seguridad, si no la conocías te podías pasar todo el día dando arranque y el motor no andaba. Un sistema no patentado de seguridad!.

Acostumbraba ir al cine una vez por semana y allá iba con la Chicha en la chata.
Tan estructurado fue para todo que incluso la chata se hizo carne en él, a tal punto que nunca quiso cambiarla por otro vehiculo más moderno.
En su taller, pasto para nuestras travesuras, podías encontrar lo que fuese con los ojos cerrados, tenía un lugar para cada cosa, perfecto y ordenado como El. Colocaba las ranuras de los tronillos de los motores siempre derechas, si lo desarmabas, se daba cuenta.
Mientras tanto nosotros íbamos creciendo, vinieron los tiempos de Cabana y allá por los sesenta y algo, encontrado otra forma de hacer cagadas; por las siestas le sacábamos la chata a Nino para pasear,  la largábamos en bajada y arrancábamos el motor algunos metros más abajo. La zona de la escuela Roma era nuestra pista de pruebas, había pocas casas en ese tiempo; cuando estimábamos que Nino se levantaría, la llevábamos de vuelta y estacionábamos con el motor parado para disimular las cosas.
Nino nos apoyaba en todas nuestras ideas de inventores Pardalescos, mientras no despelotáramos mucho el taller…. Y decía Haaa, estos changos, pero siempre muy cariñoso.
Algunos domingos Nino alistaba la chata con unos bancos y partían a visitar los parientes de Malagueño, de donde era la Chicha.
Los Barrales, sus parientes, eran una familia muy grande, entre hermanos, tías y sobrinos parecían una multitud,  algunas veces yo también era de la partida.
El itinerario se repetía siempre, antes de llegar visitábamos el cementerio llevando las flores de la casa, llegando a eso del  al medio día. Ya en el pueblo, nos juntábamos con el primo Omar, una máquina de hacer cagadas, y entre los tres visitábamos las canteras y los juegos del parque, recuerdo que se nos dio vuelta un barquito de madera, y casi nos parte la cabeza.
Ya al atardecer  a eso de las cinco bajábamos las cortinas de la caja trasera, las tías se colocaban un pañuelo en la cabeza y emprendíamos la retirada.
Nino, tomaba mate cocido en las meriendas, pero eso sí con un poco de vino, le gustaba la caza y la pesca, en los fines de semana de temporada preparaba los enseres y se encaminaba al campo.

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Capitulo aparte La Gaba de González, maceta donde floreció la vida de muchos vecinos de Alberdi, la partera   más famosa de la época. Allí se vivieron las alegrías más recordadas y también algunas situaciones apremiantes y abortivas!!!!!
Quizá la providencia, la magia y el buen tino, unieron cual puente colgante la imprevisión sorpresiva y el amor esperanzado,  iluminando a nuevos padres, con adopciones regidas por el criterio de las buenas personas.


Los Hetrrero/a
El Nono Herrera, Español de Salamanca, llegó a la Argentina con solo 16 años, como polizón metido en un bote salvavidas, durante el viaje los marineros encariñados con en mocoso, le acercaban comida, Entró al país quien sabe como y por algún motivo, recaló a la zona de Toledo donde consiguió trabajo en tareas de campo, allí conoció a Rosa Bracco, con quien se casó años después, radicándose en Córdoba. Trabajó en el ferrocarril y luego se puso un almacén sobre la Duarte Quirós  al dos mil novecientos quince, pegado a los Porta.
El Herrera, de constitución media baja, tenía un carácter afable y una gran predisposición a colaborar, mientras que la Nona Rosa era de aspecto un tanto más imponente, hija de italianos y con una numerosa familia original.
Afincados en el corazón del barrio fueron vecinos referentes, conocidos por todos, dado que pusieron un almacén en su casa.   La cosa nunca fue fácil para levantar el salón del negocio al frente de su casa solicitaron dinero un prestamista conocido del barrio,  en el barrio había dos vecinos que se dedicaban a esta actividad, como colaboradoras, actividad no santa para la época, prestar plata con intereses no estaba bien visto, les llamaban, usureros.
Poco a poco el Nono armó el almacén, con puerta de entrada de madera doble hoja, con postigos desmontables al igual que la ventana a la izquierda del local, adentro encontrábamos un mostrados en forma de ele, comenzando a un par de metros de la entrada por la derecha del local y dejaba un paso sobre el margen izquierdo junto a la pared para el paso de las personas. Sobre la pared de la izquierda estaba la heladera comercial de cuatro puertas enfriada a hielo, más arriba había un afiche de vino Toro con un ovalo central, una cabeza de toro en el borde superior izquierdo y un fardo de espigas de trigo a la derecha, desde este óvalo central salían una serie de rayos en forma radial que adornaba el dibujo. En esta zona se ubicaban los elementos más voluminosos como escobas secadores y algunas otras que no entraban en las estanterías ubicadas tras el mostrador, estaban los cajones con tapas vidriadas donde se colocaban los productos sueltos, que luego con una palas de metal parecidas a las cucharitas del mate sacaban el producto. Es importante tener en cuenta que los elementos de consumo se vendían sueltos, azúcar galletas harinas fideos y todo lo demás, mientras que el aceite tenía dos opciones en botellas de vidrio verdes ó marrones, retornables de un litro y medio ó suelto en diferentes envases, llenados por un flaco y largo bombeador manual, parecido a un inflador. Como era de esperar sobre las estanterías más altas estaban las botellas de caña, grapa ginebra Bols y Llave, una de estas tenía un perfume muy particular, esquivada por los tomadores antes de llegar a sus casas, ya que denunciaban de lejos de donde venían. El vino se vendía en botellas de litro, abastecidas en cajones de madera de doce unidades.
Los productos sueltos como harina, azúcar, fideos, galletas, porotos secos y otros, se entregaban en paquetes de papel, cerrados a los costados como si fuese un repulgue de empanada y al final le daban la vuelta en al aire rematando el cierre, esta forma de envolver era muy particular de estos negocios y requería de gran habilidad para no terminar con todo el producto en el suelo.
No puedo dejar de nombrar los refrescos Refrescola, Chinchibirra, Bidú, naranja Crush y alguna granadina que diluían con agua ó soda
Continuará





Mi alma y Yo partes I - II - III


Escuchando las voces del silencio en el retumbo de la tarde, justo allí cuando se alzan en concierto el canto de sirenas en lo profundo de mis oídos, distintas a las de aquel Ulises, que en locura extrema navegaba por tempestuosos mares bravíos, inmutables están las mías, que llegaron con el tiempo, cuando las canas te dicen que es el tiempo de pensar.
En el silencio atronador de la tarde, ellas se hacen presentes y sutil aparecen las voce,s que como en parque de gnomos encantado, te invitan a pasear por el recuerdo que luminoso y expectante siempre esta.
Con solo cerrar los ojos, una y otra vez, cerrarlos y cerrarlos, capa sobre capa, hasta lograr la oscuridad total, mientras en colores llegan las imágenes a la mente, para comenzar a flotar y disfrutar del espacio, con solo el intento de volar.
En torno a mí están todas las cosas que a mi felicidad alimentan, allí me separo de mi alma y la veo corpórea, amiga, compañera, confidente, donde de igual a igual le digo:

Mi alma y Yo              Alma parte I

Hay alma mía que no entiendes, de razones terrenales,
Te crees con el derecho a tener lo que sentido esperas,
pero no ves que las razones por los hombres aceptada
te dice que no vale nada, la angustia provocada.

Sentimientos encontrados en situaciones no esperadas,
es que tu no sabes nada de acuerdos colectivos,
los que obligan a callarte y te mandan al olvido,
mientras lloras amargamente tus anhelos prometidos.

Es que no te has dado cuenta, tu planteo aquí no encuadra,
en estos tiempos de avanzada donde la razón esta quebrada
has quedado en segundo plano, no me dañes desde adentro
yo arreglo no consigo, en el mundo que he nacido.

No estaba preparado para entender la razón hallada
quisiera en paz vivir contigo, alma mía quebrantada,
lleva tus dolientes quejas al otro mundo si lo quieres
porque en este de repente, no hay lugar a tu planteo.

Te miro con cariño, y como hermana yo te siento
más, coincido en tu sentir, pero aquí no tiene arreglo
viajamos desde siempre, compañera de aventuras
en mi pecho yo te siento como sufres día a día.

Tu pretendes que yo viva, en concilio eternamente,
te cuento que aquí afuera las cosas son diferentes,
batallar me fue difícil, por eso estás herida,
mas te juro que yo hice lo mejor que he podido
no te canses todavía, aún quedan muchos caminos.

                                                          --------0------
                                                                                                  
Sobre mis hombros siento el peso, mas no comprendo el cansancio manifiesto, mi cuerpo batallante aún conservo, pero los ojos en retiro voluntario, se cierran escapando de la luz del día, algo sucede en mí que el ánimo no sostengo, busco el motivo y me hago este planteo….,



El Trípode de la Vida         Alma parte II 
                
Aquí estamos de repente tres viajeros diferentes,
aunque parezca solo uno, somos partes independientes,
hace poco lo percibo pero ya me he dado cuenta,
que mi ser se compone de Alma, Equipaje y Yo,
el de aquí afuera, …para contarlo claramente.


Desde el banco de las almas vengo junto a la mía,
al andar me han contado que otras historias ya tendría, 
se trajo una mochila, con diversas herramientas,
que a mi espalda me cargaron, y pesada hoy se siente
la llenaron por si acaso, sin saber lo que usaría.


Se sumaron a mi cuerpo, en aquel que me gestaron,
transitamos juntos por la vida, pero yo las alimento,
hace poco escribía de las penas que mi alma sufría,
más, culpable me sentía y con congoja  observaba,
sin advertir que era realmente yo, quien peor estaba.


Claramente dividamos las visiones, alma mía,
en el recuerdo solo llevo, mis historias ya vividas
quisiera saber lo que tú encierras, compañera iluminada,
si te acuerdas de otras vidas, si has sufrido el llanto ajeno,
quiero ver allí en tu espíritu, si te ha quedado alguna pena.


Me pregunto si mañana, ya subido a otra vida,
recuerdas de este viaje, algún sentir emocionado,
de mi vivir enamorado, del abrazo de mis nietos,
ó tal vez de aquel día que por poco me mato,
remontando el barrilete desde el techo con el Lalo.


Yo quisiera compañera vivir con tigo en vida plena,
seas cabal compañera y des sentido a nuestro viaje,
deja de quejarte y lucha como yo, a pecho abierto, 
las heridas en mi cuerpo, ninguna ha sido en vano, 
imaginemos esta vida fresca, como lluvia de verano


Me has cargado una mochila con cosas inservibles,
preparada para ser sabio, aviador ó delincuente,
hubiese sido bueno conocer quien era tu cliente,
poco te importó si era yo, bohemio ó solitario laburante,
con pocas cosas yo me basto, todo el resto es sobrante.


Por lo visto no sabías en que cuerpo te metías,
te sugiero prepararte mejor, para otro viaje,
te creía blanca y pura  y usada resultaste
acomódate como puedas, con tu historia y tu equipaje,
a mi no me cargues nada, con lo mío ya es bastante.


Sería bueno que recuerdes de los días recorridos
lo mejor de este viaje, son los amigos compartidos,
te sugiero consideres este sueño deslumbrante,
para mi es importante, aquí me juego a todo o nada,
de que vale ser agua tibia, en el mate no hace espuma
yo te juego lo que quieras, de mi te acordarás, sin duda alguna.




Una fisura en el tiempo           Alma parte III

Sin bucear en mis recuerdos una luz vino a mi mente,
ahora ya maduro, estoy alerta a las cosas aparentes,
la sonrisa se hizo presente y mis ojos se achinaron
porque  de repente, a mi alma infraganti yo he pescado.

El recuerdo me transporta a un viaje por Italia
noviembre despuntaba cuando a los parientes visitaba,
y en recorrida obligada al panteón de la familia,
en el día de los muertos con gusto me invitaron.

Tras la reja que encriptaba la paz de  los sepulcros
me impactó aquella foto que en el muro se mostraba
la reconocí de repente, sin haberla visto nunca,
la emoción doblo mis piernas, al ver aquella dama.

Joven, cautivante, misteriosa,  de mirada penetrante,
como extraña llamarada recorrí mi vida entera,
no encontré historia alguna, ni un recuerdo peregrino,
ni cruzado nuestras vidas en las curvas del destino.

Algo en ella me atraía, me sentía involucrado
su mirada me decía, estoy aquí, tanto te he esperado,
al galope de mi pecho no encontré razón alguna,
abrume con mil preguntas al pariente más cercano.

¿Quien fue esta mujer? que vivió hace tantos años,
¡Se fue joven! estaba casada con un primo del abuelo,  
eran tiempos de mis mayores, solo mi viejo estaba,
pero mi pecho delataba que algo en ella yo encontraba.

Cautivante su mirada, vagó en mí por mucho tiempo,
hace poco frente a mi alma, la juzgue de indiferente,
indagando si guardaba recuerdos de vidas pasadas,
es que ahora encaja todo, con la dama que no olvido.

Eran suyos los destellos de aquella mañana italiana,
me faltaban las palabras para explicar las emociones,
provocadas en mi pecho por la dama del retrato,
reconozco alma mía, tu sentir me ha emocionado.

Entrañable compañera, a tu pasado me he asomado
esta fisura en el tiempo, hoy nos ha reconciliado,
la magia del destino quiso mostrarme que has amado
en confianza como amigo, podrías habérmelo contado.
Rodolfo

Los Leone Bianchi en Argentina

Con la intención de registrar nuestra estela familiar, trataré de hacer una recopilación de hechos y narraciones bajo una óptica personal.

César leone

Comenzaré por el César mi viejo, un tipo cariñoso, ameno en la conversación, amigo nuestro y de nuestros amigos, consultor para tratar cualquier tema, y de aquellos muy extraños, se informaba y luego te respondía aclarando las dudas; afectuosamente le llamábamos Papá, Viejo, Leone, Contador y también El César. Aún siento la magia y el calor de aquellos abrazos de segundos interminables que nos dábamos, mientras que en vos baja te decía, Pichón, por decirte hijo querido, en todos los idiomas.

Aquellos abrazos de corazones enfrentados y orejas pegadas, marcaron a fuego nuestra forma de decirnos ¡Te Quiero!

Era común que estos italianos putearan cuando se enojaban, incluido mi abuelo Felipe, que en los momentos de explosión, se acordaba de La Virgen y de todos los santos; Mi viejo en cambio tenía un dicho diferente que apaciguaba la ira del momento, Su frase era Santo Dios de los Porotos, en varios tonos.

Para dar un marco de tiempo, nos ubicaremos en la segunda década del siglo pasado,  cuando se desarrollaba la Gran Guerra, ó La primer guerra mundial, que tuvo lugar entre el 1914 al 18, en Europa, los hombres, estaban en el frente y las mujeres se las arreglaban como podían con las cosas cotidianas. En el campo las necesidades pasaban por mantener la huerta, cuidar la vaca y hacer los malabarismos necesarios para parar la olla, Felipe Leone y Rosa Bianchi mis abuelos, contraen matrimonio en el 1913. El 01 de enero del diecisiete nace el César, en Rocchetta Tanaro Italia, segundo hijo del matrimonio, Cesarina su hermana había nacido el 15 de Abril del 15 y por aquel entonces tenía un año y siete meses, la pareja se había acomodado en la casa grande de los Leone, Rosa de 22 años era de Felizzano un pueblo cercano donde vivían sus padres, y hermanos. De acuerdo a comentarios recogidos, la relación no tenía el beneplácito de los Bianchi, estos veían a Felipe como un hombre  rústico, comparado con Rosa, más delicada y fina.

Felipe por aquel entonces tenía 28 años, era muy fuerte y trabajador, hábil  en tareas de agricultura, carpintería  y  muy buen cocinero, previo a la guerra, habían armado con Rosa una especie de posada, donde también daban de comer. Durante la gran guerra, Felipe estuvo en la división de morteros y luego pasó a la panadería militar, mientras que Rosa hacía lo posible por mantener a  César y Cesarina a salvo. Durante las acciones bélicas aquella posada resultó presa de los bombardeos y tuvieron que replegarse a la casa grande con los Leone.
Contaba el César repitiendo los relatos de su abuela, que mientras su madre trabajaba la huerta lo ponía a jugar en una caja de madera tipo corralito, bajo algún árbol cercano.

Los nombres sinónimos de estos hermanos, y de algunos primos, obedecía a que un tío encargado de las tares en el pueblo, también anotaba los nacimientos familiares en la iglesia; al parecer no tenía mejor idea que repetir su propio nombre en los sobrinos,  César ó Cesarina.

Pasada la guerra, los problemas  laborales, económicos y de mantenimiento se profundizaron, en la búsqueda de soluciones con seguridad habrán imaginado miles de propuestas, aún las más alocadas, y así, recordaron que el abuelo de Rosa había viajado a la Argentina, retornando con una cantidad de dinero que le permitió comprar su casa, una vaca y varios lotes para hacer la huerta.

Cabe destacar que tener una vaca, en aquellos tiempos era de vital importancia, no solo proporcionaba la leche sino que además y atada al arado de hoja simple permitía trabajar la tierra, se cuidaba al animal con especial esmero.

A comienzos del  mil novecientos, un tío de Rosa, mi abuela, se vino a la Argentina para hacer la América, dado que al cabo de un año no daba señales de vida, su Nona, “lo entusiasmó” al Nono, que fuese a ver que pasaba; no estaba dispuesta a perder un hijo en la América, sin vueltas el   partió para Argentina. Cuando encontró a su hijo se quedó con El a trabajar durante un año,  después regresaron a Italia, con suficiente dinero como para comprar los elementos antes mencionados.

Ya por mediados del veintitrés, el sueño de hacer la América era posible, muy difícil pero tentador, hacía falta algo de dinero, una vez más se estaban jugando todo, ¡quemaron las naves!, el Felipe cedió su parte de herencia de la casa de Rocchetta Tanaro, a sus hermanos con el fin  de conseguir el dinero para el viaje, la decisión ya estaba tomada, ahora la instrumentación era aun más difícil, cómo hacer con los pequeños hijos para aventurarse en semejante quimera, entonces vino una desgarradora decisión dejaban a César de seis años al cuidado de la Nona, Rosa Penno, Mamá de mi abuela, Ella estuvo de acuerdo,  era una forma de mantener un extremo de la soga para que volviesen.

Era época de corazones desgarrados, endurecidos por la guerra, época de ojos abiertos ensombrecidos por las hondas ojeras, estampas que trascendieron en fotografía familiares, pañuelos en la cabeza cuerpos magros expresiones desprovistas de alguna sonrisa, perdidas estas por el estallido de la guerra; así estaba la cosa, había que seguir combatiendo; con la garganta endurecida y la respiración entre cortada, Zafarrancho de combate, estaba todo dispuesto. Era octubre 24 del veintitrés, cuando Rosa, Cesarina con 8 años y su papá Felipe partieron en el “Re Vittorio” acomodados en tercera clase desde el puerto de Genova hacia Buenos Aires.

El 12 de noviembre desembarcan en Argentina, y la pequeña familia se radico en Córdoba, allá donde algunos amigos y parientes lejanos estaban, Felipe encontró trabajo en el ferrocarril como carpintero y Rosa, Cameriera de profesión, trabajaba en la casa de algún directivito del mismo, en tareas domésticas mientras Cesarina le ayudaba y también estudiaba.

En los domingos se juntaban con los paisanos para recrear las costumbres tradicionales, distintas eran las intensiones entre aquel grupo de inmigrantes, algunos se habían radicado con toda su familia, sin pensar en el retorno a su tierra mientras que los Leone solo estaban de paso.

La intensión era hacer la tan mentada América, el tiempo fue mostrando una cara diferente a la esperada, producir reservas ahora no era fácil, como antes, los años treinta plantearon una crisis sin precedentes, para volver a Italia hacía falta dinero, mantenerse en Argentina y mandar a Italia para el estudio de César, no era fácil, el retorno era cada vez más difícil.

Las noticias no eran alentadoras, nuevamente se oscurecía el cielo para Europa, se hablaba de una nueva guerra, los comentarios de los parientes eran crudos, en la crisis del treinta solo tenían valor  las cosas gestadas por cada uno, los paisanos comenzaron a construir sus casas, era más conveniente que alquilar piezas en algunos condominios, una vez comprado el terreno, en amplias cuotas, los paisanos organizados en grupos se  ayudaban para construir sus casas, levantaban piezas tras piezas con una cocina y un baño al fondo, unas parras el gallinero y la huerta, eso si era posible.

Otra vez como en un embudo, la vida decidía sobre las personas, el retorno a la tierra soñada se desvanecía, la alternativa era quedarse,…entonces  debían construir su casa.

Esta nueva embestida llevó su tiempo, Felipe hacía puertas, ventanas y todo lo que a su alcance estaba, con la ayuda de los paisanos, lo lograron, finalizando los años veinte pisando ya el treinta.

Felipe cambió de trabajo ahora estaba en la cervecería Córdoba cerca de su casa, Cesarina ya trabajaba y Rosa con los quehaceres de la casa, el bote parecía haberse estabilizado, para todo esto habían pasado ocho años, muchos para estar lejos de César, de los Abuelos,  de casa; pero no tantos para hacerse en otro país.
Las cartas a Italia, portaban brutas noticias, ¡nos quedamos! Los Abuelos no tenían consuelo, la carta ganadora de retener a César había perdido fuerza, la crisis y los nuevos aires de guerra, acrecentaban el sufrimiento, sobre aquellas personas de la campiña italiana que jamás pensaron pasar por cosas semejantes.

En corto tiempo habían vivido todo, Cesarina se hizo grande, César había crecido sin sus padres, la Abuela había hecho nuevamente  de madre, Rosa y Felipe había entregado todo, aunque aquí también salía el sol, había trabajo y en las navidades hacía calor, a todos ellos se les había apagado la ilusión, había desaparecido lo esencial, se faltaban unos con otros, lejos de la tierra donde nacieron, de los afectos, no había pertenencia, habían quemado el combustible más rico, habían quemado tempranamente su juventud.

Corría el año 33, hasta aquí el barco seguía navegando, las tormentas habían roto velas y mamparos, pero aún se navegaba, una vez más aparecen brutas noticias, Rosa está muy enferma, el doctor es frontal, sus días están contados, el barco finalmente naufragará, nuevas gestiones se hacen para pedir que César viaje a la Argentina, una nueva espada para los abuelos, no habrá retorno, la carta pesa miles de kilos,… lleva la muerte dentro…..cuanto sufrimiento, cuando para?, se necesita una pausa, una tregua.. no se puede seguir.

Vía consolato Italiano en Córdoba, El Abuelo Felipe presenta el,”Atto di Chiamata” el 2 de noviembre del 33, previo haber tramitado el permiso de desembarco en Argentina para su hijo el 27 de octubre.

César menor de edad, cumple con los trámites ante el consulado Argentino en Italia el 29 de enero del 34 logra la autorización para el ingreso y se prepara a partir.


Otra vez Génova es testigo de un nuevo zarpar, el 15de de febrero del 34 el buque Augustus en 3° clase, lleva dentro aquella carta ganadora que no pudo ser; preparado con la responsabilidad que una Abuela y Madre podía tener,  César parte para Argentina a los diecisiete años, portando una preparación estudiantil de lujo, hablando perfecto castellano, Ella no hubiera permitido que su nieto parta sin prepararse correctamente.

Las barandas de hierro del puerto de Génova sostienen a la fuerte mujer que pañuelo en mano despide en El, a su hija que envuelta en una quimera de vida, partió desde ese mismo puerto hace solo  diez años.

El 2 de marzo del treinticuatro, llega a Buenos Aires el Augustus portando aquel joven muchacho que verá a su familia nuevamente, ya en Córdoba, se enfrenta con personas a las que no le es fácil reconocer, su Madre, Padre, y Hermana, todos están muy cambiados incluso El. Un paisano muy allegado lo traslada desde la estación de trenes, es el último tramo del viaje, su corazón golpea más fuerte, los pasos parecen pequeños no se llega más, la mirada buscar para reconocer, en frente estás los tres, ¡que duro! después de diez años, los abrazos no respetan tiempo ni protocolos, son muy fuertes, pañuelos mojados y risas entre cortadas con ojos llenos de lágrimas e imágenes históricas; César ya está en casa.

Digerir aquella situación no era fácil, no tardaron los paisanos en opinar sobre la situación, también, aquellos que disfrutan con la desgracia ajena. En diversas  oportunidades una paisana tía política, innombrable….. le decía, ha! tu mamá no te quiso, te dejó en Italia y se vino a la Argentina, ¡poco le interesaste!. El hecho fue tan trascendente que aún hoy recuerdo los comentarios de mi viejo….¡Vieja de mierda!

Acompañando a su madre de compras, le preguntaban los conocidos, y su hijo que venía de Italia ya llegó? Claro, El es!, pero habla español, como puede ser?.

A poco de llegar la salud de Rosa se deterioraba rápidamente y el cinco de julio, Ella fallece, El barco acababa de naufragar, la relación entre ellos era muy reciente, Cesarina trabajaba, su papá Felipe hacía lo propio, y César recién llegado quedaba boyando, eran casi desconocidos, pronto consiguió un trabajo y comenzó con los trámites para continuar con los estudios interrumpidos en Italia, allá estaba a punto de logar su laurea final de segundo plano.

La idea era continuar en la Universidad para lo que debía terminar el secundario, se inscribe en la escuela Jerónimo Luis de Cabrera, donde se lleva menuda sorpresa, al averiguar que en Argentina no le reconocen los años cursados en Italia, aunque estos fueran en la escuela Don Bosco de Torino,…nada menos.
Así recomenzó en turno noche, y trabajando de día; rindiendo algunos años libre, y destacándose entre los compañeros incluso en lengua.

Para esto el César conocía latín, hablaba bastante Frances, italiano, Castellano a la perfección, y se destacaba en matemáticas.

Con mención especial terminó su secundario, el problema era buscar una carrera que le permitiese trabajar y estudiar, la búsqueda no fue fácil, si bien la intensión era seguir ingeniería, los horarios no combinaban, entonces se adaptó a una carrera nueva por aquel entonces, estudiar de Contador, esta sí  permitía la combinación, por lo que allí se anotó.

La cosa estaba encaminada, no tardó en conocer a Nélida, una muchacha que había perdido a su madre unos meses después que El, Hija de un tano y una Gallega; flaca movediza, alegre y de carácter fuerte, para colmo necesitaba clases de apoyo en matemáticas y francés, ..el plato estaba servido.
César seguía boyando entre reuniones de parientes sin encontrar pares afines, la relación con sus compañeros de estudio parecía contenerlo más, su Hermana  Cesarina se había casado con Ricardo Martínez, el 07 de mayo del 42 y en las reuniones familiares se daban con frecuencias calientes discusiones la diferencia de nacionalidades era profunda,

El Abuelo Felipe de apodo el colorado, por su tinte pelirrojo, pasó en poco tiempo a tener un pelo blanco nieve, de aspecto elegante bien parado, había quedado solo, y por los comentarios un tanto travieso, las mujeres de los paisanos, estaban muy preocupadas, siempre metiéndose en lo que no les importa; se les había puesto que debían casar al Felipe, movieron cielo y tierra hasta que le presentaron una viuda de guerra, rumana, alemana para el vulgo, nacida el 06 de julio del 1907, de 31 años, el viejo Leone que solo vería el corte del hacha, no tardó en disparar su mortero de guerra, y así fue que el 11 de mayo del 39, se casa con María Weldi, que para aquel entonces tenía una hija de 11 años, (04-07-27), a esta ensalada, se sumó otra nacionalidad al concierto, Un Casino….¡ que quilombo!.
Los náufragos se defendían como mejor podían.

Nélida, por otro lado, también tenía problemas de convivencia en su casa, su padre se había casado nuevamente, y la convivencia con El era muy difícil, condimento que faltaba para que estos dos tórtolos se casasen a escondidas, el 07 de enero del 43 aún con la cara de culo del viejo D´Elia.

Mientras el César trabajaba y estudiaba, la Nélida hacía lo propio con su Padre y Hermanos; en  aquella familia eran sastres de profesión.

Extraña relación pudieron desarrollar los Leone después de la catástrofe, si bien se visitaban, poco sabían uno del otro,  da cuenta esta anécdota, triste una vez más; cuando César se recibió de Contador, destacado con mención especial y medalla de plata de la universidad, le contó  a su padre del logro obtenido, ¡Papá me recibí de Contador!……….Ha ¡Vos estudiabas?! fue la respuesta.!!!!!!!!!!



El César en Italia:
Retornando a los tiempos del veintitrés, César se queda con su Abuela Rosa(Penno in Bianchi), en Felizzano Provincia de Alessandria, sin dudas no debe haber sido fácil para Ella hacerse cargo de semejante empresa, mujer de mucho carácter, según el tío José (bepe) al que visitamos en Torino allá por el dos mil cuatro nos dijo, ¡La Nona era terribile¡ mientras que el Nono Sebastiano era mucho más dócil;
De inmediato anotaron al nieto en la escuela Don Bosco, medio pupilo, y los fines de semana tomaba el tren y retornaba ala estación de Alessandria, mientras que en los veranos se quedaba todo el tiempo, compartiendo con los primos que los tíos dejaban al cuidado de la Abuela. El César un poco, más grande y de la casa, llevaba a cabo las indicaciones de la Abuela Rosa al pié de la letra, conocía las reglas perfectamente.

Ayudaba a ordeñar la vaca, cortaba las frutas ayudaba en los quehaceres de la casa y ordenaba aquella tropa de primos.
En los primeros días de la llegada de Estos, comenzaba con las mañas de no querer comer las cosas que cocinaba la Nona, esto no me gusta, no Como ¡dame otra cosa! era recordado por el Papá, que la abuela les decía, ha… no tienes hambre, entonces guardo el plato, otra cosa no hay, mas tarde ante el reclamo de,”quiero comer”, aparecía el mismo plato, y así un par de veces, hasta que desaparecían los caprichos.

La Abuela era muy exigente, no permitía riesgos innecesarios, todo tenía un orden, incluso a sus hijos en los días de visita, les prometía un scafaun si era necesario, aquí se hace lo que yo digo y nada más.

En la casa se hacía el vino generalmente tinto, pero la abuela se preparaba una bardolesa de blanco para Ella y al cabo de un año no quedaba nada, todas las mañanas con el desayuno se tomaba un vaso de aquel vino, el vino blanco era solo para Ella.

Una vez César se fue a bañar al río Tanaro, sin el permiso, al enterarse, la Nona apareció en la costa, vestido negro, pelo atado con rodete una mirada perforante y con las manos en la cintura lo llamó, y comenzó una reprimenda, famosa en los relatos del Viejo, imagínate Vos, tu Madre te dejó a mi cargo y si te pasa algo yo me muero.

La Abuela marcó la esencia de César, el orden la responsabilidad, el criterio, la capacidad de compartir, el amor a la familia, ordenó en El todo lo que pudo a mano dura, los tiempos no eran benévolos había que prepararse y lo hizo,  en sus planes no estaba el desenlace final, fue madre y Abuela al mismo tiempo, quizá fue muy dura, es difícil encontrar el equilibrio en esas circunstancias.

César no retornó más a Italia, pasó muchos años sin escribir, hasta que un día quizá por sugerencia de mi vieja, mandó una carta en la que mostraba un resumen de lo ocurrido y el agradecimiento para aquellos viejos. Lo cierto que pasó mucho tiempo, aquella Abuela sin recibir una nota suya, imprescindible bajo cualquier análisis

Como en toda historia siempre encontramos cosas anecdóticas;, aquí ocurrió que ni mi hermano Eduardo ni Yo, teníamos conocimiento alguno de la existencia de esta carta, 50 años después en el 2009 viaja El a Italia, dentro de las visitas organizadas, era su deseo conocer a los parientes, cuando fue a Genova para ver a Mirella prima del papá, Ella le mostró esta carta que estaba en su poder. Ya a su regreso comentamos el hecho, sorprendidos con semejante descubrimiento. Esto me movilizó a realizar llamadas a la tía Mirella de Genova  y a Mario Bastiani su marido, para que me envíen una copia urgente, por correo electrónico, pero ante la poca familiaridad de Mario con los avances tecnológicos optamos por el correo tradicional. Válida fue la gestión realizada, que hace solo tres días recibí por correo la tan trascendental carta, que por supuesto al momento leí; no pudieron ser barreras insalvables la letra ni el idioma, para comprender la esencia de aquella tan necesaria carta.

Al leerla sentí como si se hubieran saldado viejas deudas familiares, mi tranquilidad fue total, además reafirmé mis conceptos estructurales y alineados que conservo hacia mi viejo.

Los Abuelos con los años se trasladaron a la ciudad, de Genova, aquella casa de Felizzano se vendió, quizá hoy albergara otras ilusiones.

La quimera de Rosa y Felipe…naufragó en la tormenta de la vida, las guerras, la distancia, las enfermedades, la vida misma que se va,…… no sé, yo solo puedo narrar lo que me acuerdo, como un homenaje a la memoria de aquellos que sufrieron en el intento por estar mejor, nos queda la historia, con los hechos de nuestros mayores.

Sirva esta narración como un capital familiar, para que alguna vez fogón de por medio alguien cuente que alguna vez hace muchos años esto pasó.






Datos referenciales

Felipe Leone
Hijo de César y Rosa Masueli
Nacido el 06-03.1888 - Rocchetta Tanaro - Alessandria – Italia
Profesión: Falegname
Embarca el 24 de octubre de 1923 a los veintinueve años
Llega el 12 de noviembre de 1923                                                           
Nave “Re Vittorio”
Fallece el 04 de julio de 1980 a los noventa y dos años

Rosa Bianchi
Hija de Sebastian y Rosa Penno
Nace el 29-10.1894 – felizzano – Alessandria – Italia
Profesión: Cameriera
Embarca el 24 de octubre de 1923 a los veintidós años
Llega el 12 de noviembre de 1923
Nave “Re Vittorio”
Fallece el 05 de julio de 1934 a los treinta y nueve años

Casados en el 1913

Cesarina
Nace el 15 de abril de 1915 – Roccheta Tanaro - Alessandria - Italia
Embarca el 24 de octubre de 1923 a los ocho años
Llega el 12 de noviembre de 1923
Nave “Re Vittorio”
Fallece 15 de abril de 1970 a los cincuenta y cinco años

Cesar
Nace el 01de enero de 1917 - Roccheta Tanaro - Alessandria – Italia
Embarca el 15de de febrero dem1934 a los diecisiete años
Llaga el 02 de marzo de 1934
Nave “Augustus”
Fallece el 28 de julio de 1989 a los setenta y dos años
María Weldi 
Nacida el 06 de julio de 1907
Fallece el 0 5de setiembre de981
Se casa el 11 de mayo de 1039

María Behn (Magdalena Matilde) Mitshi
Nacida el 04 de julio de 1927